Cuando España voló hacia América: la gesta épica del Plus Ultra (1926)

Imagen real del Plus Ultra, protagonista del raid

Palos de la Frontera, 22 de enero de 1926 — Cuando el hidroavión Plus Ultra se elevó sobre las aguas del río Tinto, emprendía no sólo un vuelo: emprendía una promesa. Una promesa de conectar España con América del Sur por primera vez sin interrupciones. Era un gesto valiente, casi quijotesco, firmado por cuatro hombres y una máquina que respondía al anhelo de “ir más allá”.

La proeza fue clara en cifras: 10.270 kilómetros recorridos en 59 horas y 30 minutos de vuelo efectivo entre Palos y Buenos Aires. Esa distancia y ese tiempo —superando tempestades, averías y los límites técnicos de la época— sellaron un rastro imborrable en la historia de la aviación española.

La ruta fue trazada como un arco de esperanza: Palos → Las Palmas → Porto Praia → Fernando de Noronha → Pernambuco → Río de Janeiro → Montevideo → Buenos Aires. En cada escala, la aeronave necesitó ajuste, reabastecimiento y una dosis de fe. En la fase de Pernambuco, el Plus Ultra sufrió una rotura de hélice que amenazó con precipitarlo al mar. La tripulación tuvo que arrojar peso, ajustar en vuelo y confiar en un solo motor.

Quienes lo tripularon —el comandante Ramón Franco, Julio Ruiz de Alda, el teniente de navío Juan Manuel Durán y el mecánico Pablo Rada— fueron más que aventureros: se convirtieron en templos humanos de determinación.

En el corazón de su gesta latía la idea de que España recuperara su grandeza aérea, de que los confines del Atlántico no fueran barrera sino umbral.

El arribo en Buenos Aires el 10 de febrero fue apoteósico. Multitudes colmaban las orillas del Río de la Plata, vitoreaban a los héroes del aire; los diarios argentinas celebraban aquella hazaña como una proeza universal.

El gobierno español, conmovido, donó el aparato a la Armada argentina. El Plus Ultra acabaría su vida operativa como avión correo, antes de hallar reposo definitivo en el Complejo Museográfico Enrique Udaondo de Luján, Argentina.

Quienes estudian aquella historia ven en el Plus Ultra un puente simbólico: entre continentes, entre voluntades, entre sueños y realidad. Fue un vuelo que era patria, tecnología y poesía al mismo tiempo. Porque más allá de los kilómetros vencidos, lo que quedó en la memoria colectiva fue el eco de una nación que alzó el vuelo para demostrar que lo imposible, si hay coraje, puede cruzar océanos.

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