Restauradores en el Museo Naval

Hace un par de domingos, coincidiendo con nuestra Fiesta Nacional que conmemora -y celebra- el
Descubrimiento de América, dos vándalas no tuvieron mejor ocurrencia que atentar dentro del Museo
Naval contra un cuadro que representaba este hecho sin parangón en la Historia. Grave fallo de
seguridad que obligará a los responsables a modificar los protocolos de acceso y que luego los
ciudadanos respetuosos tendremos que soportar justos por pecadores.

¿El motivo? Denunciar -dicen- un genocidio producido hace cinco siglos. Empezaré negando la
mayor y así no les hago perder mucho tiempo; nunca hubo tal. Para que una limpieza étnica pueda
denominarse así hace falta cumplir cinco puntos, a la sazón; 1) Tener la malvada idea, 2) Tomar la
decisión y comunicar la orden, 3) Planificar, 4) Ejecutar y 5) Dejar pruebas. Jamás la católica España
tuvo en mente liquidar a la población local, antes incorporarla al Imperio. Tampoco encontrarán Uds.
escrito alguno sobre el tema y eso que fuimos escrupulosamente burocráticos, primero en los
Consejos y después en las Secretarías ¿No hubo una catástrofe demográfica? Sin duda, pero fue
producida por la involuntaria transmisión de enfermedades para las que los locales no tenían
defensas (y que afectó por igual a enemigos y aliados).

Aunque el motivo sea absurdo, hay mil maneras de protestar pacíficamente sin atentar contra el
patrimonio cultural de todos los españoles. El infantilismo imperante en nuestra sociedad actual hace
pensar que nuestros actos nunca tienen consecuencias y, por ello, no merecen castigo. Los daños
sobre esta obra serán caros de reparar o serán irreversibles. Hemos visto, días después, a
historiadores y artistas justificar el atentado, menospreciando a su autor, despreciando su obra, en un
obsceno ejercicio de autocracia aún más peligroso, reminiscencias de otras épocas que pensábamos
superadas, proveniente de quienes se tildan de demócratas antifascistas (pásmense). Todos, del
bando que aboga -dicen- por la libertad de expresión y de pensamiento y que lucha (en su mente)
contra esos (inexistentes) fascistas. Esta gente tiene púlpitos y es muy peligrosa porque influye en
mentes poco formadas, maleables.

No ha sido el único caso, la Catedral de Córdoba sufrió recientemente un incendio porque a alguien
se le ocurrió que el mejor sitio para cargar las baterías de las máquinas barredoras era una capilla.
Han pintado sobre fachadas de museos, catedrales, incluso encima de pinturas rupestres. No hay
respeto por nada y es consecuencia directa de la nula educación recibida en casa y de la pésima
formación ofrecida en la escuela.

Espero y deseo un castigo ejemplar para estas dos vándalas por el atentado cometido dentro de un
recinto militar (el Museo Naval es parte del Cuartel General de la Armada) que les sirva de
escarmiento y desaliente a futuros imitadores.

Si quieren leer más sobre el autor de este post, ‘Qué está pasando’ recomienda su obra ‘Yo, Hernán: Diario de campaña‘.

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