La investigación judicial relacionada con el denominado “caso Plus Ultra” y el nombre del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero ha venido acompañada de una oleada de desinformación y afirmaciones falsas lanzadas tanto desde medios de comunicación como desde responsables políticos.
En las últimas horas, numerosos periodistas y tertulianos han repetido que la causa contra Zapatero “procede de una querella de Manos Limpias”, una afirmación que no se corresponde con la información publicada hasta ahora sobre el procedimiento.
La propia ministra portavoz del Gobierno contribuyó a extender esa versión al vincular públicamente la investigación con Manos Limpias en sus declaraciones ante los medios. También el periodista de RTVE Javier Ruiz reprodujo esa afirmación en televisión, pese a que distintas informaciones apuntan a que la causa nace de diligencias impulsadas por la Fiscalía Anticorrupción y de informes de la UDEF relacionados con presuntos delitos económicos y operaciones de blanqueo vinculadas al rescate de Plus Ultra Líneas Aéreas.
Una querella distinta y una confusión interesada
La confusión procede de otra querella completamente distinta presentada por Manos Limpias meses atrás y relacionada con supuestos vínculos internacionales de Zapatero con Venezuela. Esa acción judicial sí fue admitida para determinadas diligencias preliminares, pero no es el origen de la investigación sobre Plus Ultra.
Pese a ello, la versión de que todo se reduce a “una querella de Manos Limpias” se difundió rápidamente en redes sociales y programas televisivos, generando la impresión de que la investigación carece de respaldo institucional o fiscal.
El problema no es solo el error. Lo verdaderamente llamativo es la velocidad con la que determinados comunicadores y dirigentes políticos dieron por buena una versión incorrecta que beneficiaba claramente el relato de defensa del Gobierno.
Mientras tanto, la realidad es otra: la investigación sobre el caso Plus Ultra no surge de una querella de Manos Limpias, sino de actuaciones vinculadas a Anticorrupción y a informes policiales.
Todo ello vuelve a colocar bajo el foco público la estrecha y controvertida relación que Zapatero ha mantenido durante años con el régimen chavista en Venezuela. Desde 2016 ha actuado como mediador en distintos procesos de diálogo con el entorno de Nicolás Maduro, un papel que ha sido duramente criticado por amplios sectores de la oposición venezolana, que le acusan de haber servido como balón de oxígeno político para la dictadura chavista.
Dirigentes opositores como María Corina Machado, Henrique Capriles o Julio Borges han llegado a cuestionar abiertamente su actuación y su cercanía con el aparato chavista. Incluso la Asamblea Nacional venezolana, de mayoría opositora, llegó a declararlo “persona no admisible” como mediador político.
Ahora, con la investigación judicial sobre el caso Plus Ultra avanzando y con nuevas revelaciones sobre supuestas redes de influencia y relaciones empresariales, las preguntas sobre los vínculos políticos y económicos de Zapatero con el entorno chavista vuelven a situarse en el centro del debate público.





