Alberto Bravo presenta «Yo, el Rey»: “Carlos II no fue un rey incapaz”

Alberto Bravo Yo el Rey
Alberto Bravo Yo el Rey

La figura de Carlos II de España ha estado marcada durante siglos por una imagen profundamente negativa. El último monarca de la Casa de Austria fue presentado por gran parte de la historiografía tradicional como un rey enfermizo, incapaz y símbolo de la decadencia del reinado de los Austrias. Sin embargo, en los últimos años diversos investigadores han cuestionado esa visión, planteando una revisión crítica de los tópicos que han acompañado al llamado «Hechizado».

Uno de los principales representantes de esta corriente historiográfica es Alberto Bravo, investigador especializado en el reinado de Carlos II. Desde hace más de una década estudia la figura del monarca y ha dedicado numerosos trabajos a analizar las fuentes de la época, desmontando muchos de los mitos que rodean al último Austria español.

Fruto de ese trabajo nace Yo, el Rey (Ático de los Libros), una extensa investigación de más de setecientas páginas en la que Bravo reivindica la figura de Carlos II y cuestiona la idea de que su reinado representara el hundimiento definitivo del Imperio español. El autor sostiene que la imagen tradicional del monarca fue alimentada por construcciones propagandísticas posteriores y defiende que durante su gobierno se mantuvo la cohesión de la Monarquía, se impulsaron importantes reformas económicas y continuó la expansión de los dominios españoles en América. (aticodeloslibros.com)

Para hablar sobre el libro, sobre la realidad histórica de Carlos II y sobre las leyendas que han marcado su memoria, conversamos con Alberto Bravo en la Plaza de la Villa de Madrid, uno de los lugares más vinculados al reinado del último Austria y escenario elegido por el autor para esta entrevista.

¿Cuánto tiempo lleva estudiando la figura del rey Carlos II y qué le llevó a escribir Yo, el Rey?

Pues mira, estudiándolo llevo por lo menos desde el año 2009, que inauguré mi blog, conocido blog sobre el reinado de Carlos II, y bueno, ¿qué me llevó a escribir el libro? Realmente yo no tenía ninguna intención de escribir el libro. Pero fue Ático que me contactó y bueno, vi una oportunidad muy buena de todo ese trabajo de divulgación, de ese estudio también en archivo que yo tenía de bagaje, pues vi una oportunidad de generar algo que me quedase para siempre, que es este libro, Yo, el Rey. No fui incapaz, desde luego que no.

¿Fue Carlos II de España un rey incapaz? ¿Realmente estaba tan enfermo como se ha hecho creer?

Fue una persona con un conocimiento normal, vaya, una inteligencia normal. Esto no quiere decir que Carlos II fuese Fernando el Católico ni Felipe II, que la gente no me entienda mal, pero sí que fue una persona plenamente consciente de su dignidad regia, fue una persona que entendía los negocios de Estado, que era capaz de resolver todas esas consultas del Consejo de Estado, principalmente de acudir a las audiencias con los embajadores. En definitiva, es una persona con una normalidad completa.

En cuanto a su salud, pues bueno, también hay un mito enorme de su precaria salud. Él de pequeño, pues bueno, tuvo sus problemas. Tenemos que tener en cuenta que estamos en el siglo XVII, realmente la mortalidad infantil es enorme, pero una vez que él alcanza su adolescencia, hasta casi la década de 1690, realmente no se vuelve a hablar de problemas de salud más allá de algún constipado, en fin, de cualquier dolencia que podemos tener realmente.

Su salud empieza a quebrarse a partir de 1696, que él padece una enfermedad que yo siempre identifico como una malaria mal curada. Realmente es a partir de ahí que pasa, que los últimos cuatro años de su vida son los que han marcado el resto del reinado, y por eso nos ha quedado esa idea de un rey enfermo. Pero, repito, Carlos II cazaba y mucho.

¿Carlos II cazaba?

De hecho, una de las cosas que siempre los embajadores hablan de él es que él era muy ducho en el manejo del arcabuz, especialmente cazando lobos, porque a él lo que más le gustaba era cazar lobos. Bueno, esto lo había heredado realmente de su padre, Felipe IV, que era un gran cazador. Todos conocemos esos retratos de Felipe IV de Velázquez.

A Carlos II también le retrataron siendo cazador un pintor alemán que se llama John Closterman.

¿Hasta qué punto es real la imagen de “El Hechizado” y cuánto hay de construcción propagandística?

Hay que decir que realmente Carlos II, en un momento de su vida, hacia 1698-1699, sí que le dijo al inquisidor y luego a su confesor que podía estar hechizado. Pero hay que entender que estamos en el siglo XVII, estamos en una sociedad extremadamente creyente, y yo siempre explico que quien cree en Dios también cree en el maligno, porque es la contraparte.

Y bueno, evidentemente, la Iglesia, hasta el día de hoy, ha mantenido a exorcistas, y eso no quiere decir que el rey fuese extraño en este sentido. Es decir, que al final, tanto su padre, como el propio Luis XIV, como el emperador Leopoldo, es decir, sus contemporáneos también creían en hechizos, en maldiciones, y bueno, era un último recurso. ¿Por qué? Porque antes hablábamos de ese rey que en los últimos cuatro años de su vida está enfermo y, efectivamente, como no encontraban esa cura, él en un momento dado dijo: “¿Y por qué no puedo estar hechizado?”. Es decir, era algo que existía en la sociedad de aquel entonces.

Evidentemente, luego a partir de la Ilustración se usa. La Ilustración sabemos que contrapone la razón principalmente a esa religiosidad barroca, pero evidentemente para ellos lo atacan como contrapuesto a ese nuevo mundo que están construyendo. Pero eso también pasaba en Francia; la Ilustración principalmente viene de Francia, pero ya estábamos diciendo que incluso Luis XIV creía en estas cuestiones.

¿Por qué nos has traído a la Plaza de la Villa de Madrid?

Esto es la Plaza de la Villa de Madrid, estamos en la Villa de Madrid. Esto sería el antiguo Ayuntamiento. Realmente este edificio que tengo detrás mío se empieza a construir en tiempos de Felipe IV, pero se finaliza en la década de 1690, es decir, ya en pleno reinado de Carlos II.

Esta fachada y la estructura final son ideadas por Teodoro Ardemans y lo que me parece también de interés, aunque no lo podemos ver porque está dentro del Salón de Plenos, es una alegoría de Carlos II; incluso aparece su efigie en el techo, pintada por Antonio Palomino.

También en una de las torres, la que da a la calle Mayor, se encuentra el Oratorio, que también es una obra de Palomino y es una alegoría del rey. De hecho aparece Carlos II junto a su mujer Mariana de Neoburgo. En definitiva, creo que es un sitio bastante carolino dentro de Madrid.

¿Metieron un cadáver en la cama de Carlos II?

¿Realmente no le metieron un cadáver en la cama? O sí, depende de cómo lo entendamos. Es decir, le metieron el cuerpo de San Isidro y también trajeron el cuerpo de San Diego de Alcalá y la cabeza de San Francisco de Borja.

Esto no es extraño. Todos los reyes de la Casa de Austria, en momentos de enfermedad, trajeron estos santos de los cuales eran devotos. No estamos hablando de cadáveres, estamos hablando de reliquias. Entonces, ligado precisamente a esa religiosidad contrarreformista, pues bueno, es normal.

De hecho, el propio Concilio de Trento buscaba esa cercanía a las reliquias de los santos y los reyes no eran distintos en esto.

¿Es justo considerar a Carlos II como el rey que consolida la decadencia del Imperio español?

Yo, Alberto Bravo, niego que existiese una decadencia en el reinado de Carlos II. Además, ¿decadencia dónde y sobre qué? Es decir, la decadencia podemos hablarla circunscrita al reino de Castilla, pero tenemos que tener en cuenta que la Monarquía española era muchísimo más amplia.

Por ejemplo, la Corona de Aragón vive un momento de esplendor, los reinos de Indias viven su momento de máximo esplendor, la ciudad de México, la ciudad de Lima, también tenemos ciudades populosas en los Países Bajos, en Nápoles, Milán, ese cinturón de Lombardía que seguía siendo un territorio extremadamente rico.

Entonces, ¿decadencia respecto a qué? También a nivel cultural, el reinado de Carlos II es un reinado efervescente. Vivimos la última época de Pedro Calderón de la Barca, tenemos a grandes pintores que vienen aquí, como Luca Giordano, tenemos a Claudio Coello, a Carreño de Miranda, tenemos un esplendor musical. En fin, yo creo que la decadencia hay que circunscribirla a un marco concreto, que desde luego no es la Monarquía en su conjunto.

¿Es verdad que durante su reinado hubo una recuperación económica en comparación con los tiempos de Felipe IV?

Evidentemente sí. El reinado de Felipe IV fue un reinado económicamente desastroso. Se venían arrastrando cuestiones como la moneda de vellón, que contaminó el mundo monetario castellano.

Además, todos los años de su reinado estuvieron marcados por la guerra. Entonces, bajo Carlos II se llevan a cabo una serie de reformas traumáticas en un primer momento, pero necesarias, como fueron las reformas del duque de Medinaceli y posteriormente las del conde de Oropesa.

Evidentemente sí, a nivel de Castilla hubo una recuperación económica muy importante.

¿Qué fue la moneda de vellón?

La moneda de vellón era una moneda de cobre, teóricamente en un primer momento con una aleación de plata, aunque luego realmente no era tal. Se introducía mucha moneda falsa y era la moneda que se usaba para el día a día: para comprar el pan, para comprar el vino. No era una moneda de cambio internacional.

El problema para la Monarquía era que muchas veces recibía moneda en vellón y tenía que pagar en plata. Evidentemente esto destruía las finanzas de la Monarquía.

¿Es cierto que logró mantener cohesionado el Imperio español durante las tres décadas de su reinado?

Bajo mi punto de vista sí. Tenemos que tener en cuenta que en Europa apenas se producen pérdidas territoriales, pese a la tan manida superioridad militar de Francia. Se pierde el Franco Condado y algunas plazas en Flandes, pero se mantiene intacta la totalidad de los dominios en Italia y prácticamente la totalidad de Flandes.

Realmente Luis XIV nunca llegó a desbordar completamente a la Monarquía y no solo es que se mantenga, sino que la Monarquía se amplía considerablemente en América.

Todo lo que es el sur de los actuales Estados Unidos, desde Texas, Nuevo México y Arizona hasta la Baja California, inicia su conquista en tiempos de Carlos II. Sin olvidar la expansión en el Pacífico con las Islas Marianas.

Carlos II dejó una Monarquía a Felipe V más amplia de la que había recibido inicialmente.

¿Fue realmente Carlos II el último de los Austrias?

Bueno, la teoría nos dice que sí. Yo tengo mi propia teoría, que es precisamente el epílogo del libro, que se titula Felipe V de Austria.

¿Por qué? Porque Felipe V era un Borbón por línea paterna, pero su abuela era María Teresa de Austria, hermana mayor de Carlos II. Bajo mi punto de vista es una manera de que entendamos que no hubo una ruptura, sino una continuidad, también sanguínea.

Al fin y al cabo, en España lleva reinando la misma familia desde el tiempo de los Reyes Astures. Cuando se extingue la línea masculina cambia la dinastía, pero los reyes también heredaban por línea materna.

¿Fue Felipe V un usurpador del trono de España?

Felipe V llega al trono de España no porque sí, no llega en una nave espacial, como me gusta decir, sino porque es el que tiene el mejor derecho de sangre.

Una vez que Carlos II anula las renuncias de las infantas Ana y María Teresa, la familiar más cercana es precisamente la abuela de Felipe V. De hecho, en la cláusula 13 de su testamento vuelve a la legalidad sucesoria de las Partidas de Alfonso X.

El archiduque Carlos estaba familiarmente más alejado. Por tanto, se primó la cercanía de sangre y, bajo mi punto de vista, Felipe V no fue un usurpador. Tampoco lo era para Carlos II, que fue quien lo nombró heredero.

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