De Guillermo de Norwich al edicto de 1290: la persecución judía en Inglaterra

Persecución judía en Inglaterra
Persecución judía en Inglaterra

Hoy se cumplen 836 años de uno de los episodios más oscuros de la historia medieval inglesa y de la persecución judía en Inglaterra: el asesinato de gran parte de la comunidad judía de Norwich en 1190. La violencia no surgió de la nada. Fue el resultado de décadas de odio alimentado por una acusación falsa: el supuesto asesinato ritual del niño Guillermo de Norwich, muerto en 1144.

El libelo de sangre de Guillermo de Norwich y el origen del odio

La historia de Guillermo fue difundida sin pruebas y convertida en un relato piadoso por ciertos clérigos locales. Se afirmaba que había sido asesinado por judíos como parte de un ritual religioso, una acusación completamente infundada que hoy se reconoce como uno de los primeros libelos de sangre documentados en Europa. Aunque el crimen nunca pudo demostrarse, la narración caló profundamente en el imaginario popular y sirvió para señalar a toda una comunidad como culpable colectiva.

Décadas después, ese odio latente estalló en violencia abierta. En 1190, Norwich se sumó a la ola de pogromos que recorrió Inglaterra coincidiendo con el clima de fanatismo previo a la Tercera Cruzada. Las comunidades judías, protegidas en teoría por la Corona, se convirtieron en objetivo de turbas que actuaban con una mezcla de fervor religioso, resentimiento social e intereses económicos.

De los pogromos medievales a la expulsión de 1290

La persecución culminó un siglo más tarde. En 1290, el rey Eduardo I decretó la expulsión de todos los judíos de Inglaterra. El edicto no solo supuso el destierro, sino también la ruina material: muchos judíos fueron forzados a malvender sus bienes y una parte sustancial de su patrimonio acabó en manos de la Corona o de acreedores cristianos.

Inglaterra quedó oficialmente sin población judía durante más de tres siglos. No fue hasta 1656, bajo el gobierno de Oliver Cromwell, cuando se permitió de nuevo la presencia judía en el país, no mediante un edicto formal, sino por una tolerancia de hecho.

Conviene recordárselo a los “negrolegendarios”: los judíos fueron expulsados de Inglaterra, Francia, numerosos territorios alemanes, Lituania, Crimea, Austria, Silesia, Hungría, Portugal, Cerdeña, Nápoles y Sicilia, además de España. Pero suelen recordar solo la expulsión española, como si la persecución de los judíos no hubiera sido un fenómeno generalizado en toda Europa medieval.

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