La economía española se sitúa en un momento de transición: tras el fuerte empuje del año anterior, para 2025 se espera un crecimiento más moderado, pero aún por encima de la media europea. El PIB nacional crecería en torno al 2,4 % este año y alrededor del 2 % en 2026.
Ese crecimiento viene determinado por varios factores: la mejora de los costes energéticos respecto a otros países europeos, el dinamismo del consumo interno y la inversión en sectores clave. No obstante, persisten riesgos: tensiones comerciales, inflación y efectos de los tipos de interés en la zona euro.
Desde el punto de vista empresarial, estos datos aconsejan prudencia pero no pesimismo. Las compañías deben prepararse para un escenario de “crecimiento templado”, donde la eficiencia, la digitalización y la internacionalización sean prioridades. Las pymes, en particular, pueden encontrar oportunidades en la diversificación de mercados y en la optimización de procesos.
En el plano ciudadano, un crecimiento por encima del potencial no garantiza subidas inmediatas de salarios, aunque sí permite consolidar políticas públicas en infraestructuras, formación y competitividad.
En definitiva, la economía española en 2025 no vive un “boom”, pero tampoco un estancamiento. Es una etapa que exige acción y visión estratégica: mejorar procesos, adoptar tecnología y mirar al exterior con inteligencia.





