España registró una inflación armonizada del 2,7 % en agosto de 2025, idéntica a la tasa de julio. La inflación subyacente, que excluye alimentos frescos y energía, se situó en torno al 2,4 %, apenas un punto por encima del mes previo.
Esta estabilidad de precios viene acompañada de una moderación de los costes energéticos y los efectos del año anterior. Se espera que la inflación promedio anual baje lentamente, a medida que se despejen los cuellos de botella de suministro y los efectos de choque energético se disipan.
El crecimiento económico estimado para 2025 se mantiene sólido, con alrededor del 2,6 % del PIB, impulsado por el consumo interno y el fortalecimiento de la inversión pública y privada. Sin embargo, algunos sectores ya sienten la presión de los costes laborales, el encarecimiento de ciertos servicios y la dependencia de insumos importados, lo que podría retrasar una bajada más rápida de la inflación.
El reto para las autoridades será mantener el equilibrio: sostener el crecimiento sin permitir que los precios suban demasiado, evitar que la inflación erosione el poder adquisitivo, y gestionar las políticas fiscales de modo que no agraven desequilibrios presupuestarios. En este contexto, la política monetaria europea también está bajo observación, pues cualquier cambio en tipos o en regulación energética puede afectar las expectativas de precios.





