La música que cruza la distancia, la Navidad del Ejército del Aire y del Espacio

Un niño toca el piano al atardecer. Encima de él, un Eurofighter despega. En la imagen también se lee Feliz Navidad y el logo del Ejército del Aire y del Espacio.
Eurofighter sobrevolando a niño tocando el piano | Ejército del Aire y del Espacio

Bajo el rótulo “El Ejército del Aire y del Espacio os desea Feliz Navidad (2025)”, la felicitación navideña de este año elige un lenguaje directo y reconocible, una historia mínima para contar una verdad grande. Un niño, un piano y una melodía que cruza kilómetros unen dos escenarios concretos, la Playa de Regla, en Chipiona, y la Base Aérea de Morón.

El relato se construye a partir de un contraste que muchas familias españolas han vivido alguna vez, el calor de casa frente a la distancia del deber. Mientras el niño interpreta su música junto al mar, su padre, aviador, cumple con su misión en la base. La pieza no carga las tintas con discursos, deja que hablen los gestos, los silencios y la rutina. Y en esa rutina, precisamente, aparece el mensaje principal, la seguridad y la tranquilidad de los ciudadanos descansan en un trabajo constante, discreto, sostenido día a día.

La elección de los escenarios no es casual. Chipiona aporta luz, horizonte e infancia, un espacio de afectos. Morón sitúa la historia en el lugar donde el compromiso se hace tangible, turnos, guardias, preparación, vigilancia. Entre ambos puntos se tiende un puente emocional que resulta familiar para cualquiera que haya despedido a alguien por trabajo, el que se va cumple, el que se queda sostiene. El vídeo funciona así como homenaje doble, a quienes sirven lejos de casa y a las familias que esperan sin hacer ruido, reorganizando la vida para que todo siga en pie.

En el centro del mensaje aparecen tres palabras que resumen una forma de entender el uniforme, vocación, entrega y servicio permanente a España, los 365 días del año. Aquí se traducen en algo muy concreto, estar cuando toca, aunque sea Nochebuena, aunque sea madrugada, aunque la celebración se celebre por adelantado o por detrás. La música cumple un papel clave, no es solo banda sonora, es el hilo que mantiene unidos a quienes están separados, como tantas llamadas, videollamadas y mensajes breves que, sin grandes frases, sostienen el ánimo.

La felicitación busca acercarse a dos públicos a la vez, la ciudadanía y los propios aviadores. Hacia fuera, recuerda una idea esencial, que la normalidad cotidiana se protege. Hacia dentro, reconoce silenciosamente el coste humano de esa continuidad, las ausencias, las horas, la responsabilidad. Y lo hace sin épica impostada, con una escena sencilla en la que el afecto no compite con el deber, lo acompaña.

El vídeo aparece un poco más abajo, y merece verse con calma. Personalmente, como aviador, me toca de una manera íntima. Porque en esa melodía reconoces cosas muy concretas, la llamada rápida que te salva la noche, la mirada a la hora en el reloj, el pensamiento inevitable de si en casa estarán cenando ya, y también la certeza tranquila de que tu puesto tiene sentido. Este tipo de historias te recuerda que el servicio no es una idea abstracta, es una suma de días normales en los que eliges estar, para que otros puedan celebrar. Ojalá lo disfrutéis, y, al terminar, os quede esa misma sensación, que detrás de cada misión hay una familia, y detrás de cada familia, un país que merece paz.

Gracias a todos los actores involucrados en esta magnífica felicitación y gracias, cómo no, a Juan Carlos, Santos, Juanjo y Álvaro, protagonistas creativos y ejecutivos de esta obra de arte. Que lo disfruten.

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