A partir de 2026, Mercadona volverá a marcar un punto de referencia en el panorama laboral español. La compañía ha anunciado una medida poco habitual en el sector de la distribución, y, en realidad, en la mayoría de los sectores: una semana adicional de vacaciones anuales y el abono de una nómina extraordinaria adicional para sus más de 110.000 trabajadores. No se trata de un gesto puntual ni de una campaña de imagen, sino de una decisión estructural que refuerza un modelo empresarial que lleva años poniendo a las personas en el centro.
Con esta medida, la plantilla pasará a disfrutar de 37 días de descanso al año, una cifra muy por encima de la media nacional y claramente superior a la habitual en el comercio minorista. A ello se suma una paga extra equivalente a una mensualidad completa, que se abonará cada mes de marzo y que complementa los sistemas de retribución variable ya existentes. En términos económicos, la inversión supera los 380 millones de euros anuales, un dato que por sí solo da la medida del compromiso real de la empresa.
Pero más allá de las cifras, lo relevante es el enfoque. Mercadona lleva años defendiendo que un trabajador satisfecho, estable y reconocido rinde mejor, se implica más y ofrece un servicio de mayor calidad. Es una visión empresarial que rompe con el cortoplacismo y que entiende el bienestar laboral no como un coste, sino como una inversión estratégica. En un contexto en el que muchas compañías ajustan plantillas o limitan mejoras sociales, esta decisión transmite un mensaje claro: cuidar al equipo no es negociable.
Este anuncio no surge en el vacío. Forma parte de una cultura corporativa consolidada, construida sobre salarios por encima del sector, empleo estable, formación continua y promoción interna. No es casualidad que Mercadona presuma de baja rotación y de una fuerte identificación de sus trabajadores con el proyecto común. Cuando una empresa habla de “equipo” y respalda esa palabra con hechos tangibles, el resultado es credibilidad.
Desde el punto de vista social, el impacto también es notable. Más días de vacaciones significan mejor conciliación familiar, más tiempo para la salud, el descanso y la vida personal. En un país donde el debate sobre el equilibrio entre trabajo y vida privada sigue abierto, medidas como esta colocan a Mercadona varios pasos por delante y la sitúan como referente en responsabilidad laboral.
Conviene subrayar, además, que estas mejoras se han articulado en el marco del diálogo social y la negociación colectiva, lo que refuerza su legitimidad y su carácter sostenible en el tiempo. No son concesiones improvisadas, sino acuerdos pensados para perdurar y adaptarse al crecimiento futuro de la compañía.
En definitiva, la decisión de Mercadona no solo mejora las condiciones de miles de trabajadores, sino que lanza una idea poderosa: es posible ser competitivo, rentable y, al mismo tiempo, profundamente humano. En tiempos de incertidumbre laboral, apostar con tanta claridad por las personas no es solo una buena política empresarial; es, también, una declaración de principios.





