El Museo Reina Sofía ha anunciado una temporada llena de exposiciones potentes que ponen bajo el foco a artistas que muchas veces han sido dejadas al margen. Entre las más destacadas está la retrospectiva “Máscara y compás”, dedicada a Maruja Mallo, que se inaugurará en octubre de 2025 y reunirá cerca de 90 obras para reivindicar su modernidad y presencia en los años 30. También se presentará “Entes”, exposición consagrada a Aurèlia Muñoz, con una perspectiva contemporánea de su obra textil, considerada arte de primer nivel.
La programación del museo no se queda ahí: exploraciones visuales como la instalación de Oliver Laxe, titulada “HU//Bailad como si nadie os viera”, vinculada con su película Sirât, nominada al Oscar, también formarán parte. Y en paralelo, el Palacio de Velázquez reabrirá en 2026 con una muestra de Fernando Sánchez Castillo centrada en la perla peregrina, transformada en símbolo popular más allá de su valor ornamental.
Lo que sobresale de esta selección es cómo las instituciones apuestan por rescatar trayectorias o prácticas artísticas que históricamente no tuvieron la visibilidad que merecían. No es solo una exposición de obras, sino una relectura de narrativas: formas textiles, expresiones visuales alineadas con lo moderno o lo conceptual, memorias visuales que resignifican lo popular o lo marginal.
Este compromiso institucional con el rescate cultural acompaña inversiones concretas: restauraciones, nuevas adquisiciones e intervenciones museísticas que amplían espacios o mejoran la conservación. Marcan una dirección clara: cultura que reflexiona, que rescata, que interpela, no solo para especialistas, sino para un público amplio que merece reconocerse en esas voces.





