La noche del 27 de diciembre de 1870, Madrid fue escenario de un magnicidio. Aquel día, el general Juan Prim y Prats, presidente del Consejo de Ministros y figura clave del nuevo régimen surgido tras la Revolución de 1868, fue víctima de una emboscada perfectamente organizada en la entonces llamada calle del Turco, hoy Marqués de Cubas.
Prim regresaba a su residencia cuando un individuo armado con un trabuco rompió el cristal de la berlina y gritó: «Prepárate, vas a morir». De inmediato, varios hombres abrieron fuego de manera coordinada. Trece personas participaron en el atentado: tres dispararon por cada flanco, dos carruajes cerraron el paso y un tercero bloqueó la retirada. Nada fue improvisado.
El general resultó herido en el hombro izquierdo, el codo y un dedo de la mano. En un primer momento se comunicó que las lesiones no eran graves, pero falleció tres días después, oficialmente a causa de una infección que derivó en sepsis.
El asesinato del general Prim fue perfectamente organizado
Desde el primer momento surgieron dudas. Algunos afirmaron que Prim fue estrangulado en su lecho, mientras otros sostuvieron que murió desangrado por una deficiente atención médica. Lo cierto es que su desaparición alteró por completo el equilibrio político del país. Prim era el principal sostén del reinado de Amadeo I de Saboya, y su muerte dejó al monarca sin apoyo real. Republicanos, partidarios del duque de Montpensier y defensores de la restauración borbónica compartían un mismo interés: eliminar al hombre que sostenía el nuevo régimen.
La investigación judicial, dirigida por el juez García Franco, concluyó con una veintena de detenidos. Sin embargo, once murieron en prisión o poco después de recuperar la libertad, lo que alimentó la sospecha de un silenciamiento deliberado. Nadie fue condenado.
La investigación de Francisco Pérez Abellán
Décadas después, el periodista de sucesos Francisco Pérez Abellán retomó el caso tras un exhaustivo análisis documental y testimonial. Sus investigaciones le llevaron a señalar como autor material del atentado a José Paúl y Angulo, un republicano radical vinculado a círculos revolucionarios y habituado a la violencia política. Según Abellán, Paúl actuó como ejecutor, pero no como cerebro de la operación.
El periodista defendió que detrás del crimen existió una conspiración de alto nivel, en la que habrían participado sectores políticos interesados en apartar a Prim del poder. Para Abellán, el asesinato no fue fruto del caos, sino una operación planificada y protegida desde instancias influyentes del Estado.
Uno de los puntos clave de su investigación fue la causa real de la muerte. Abellán sostuvo que Prim no murió por las heridas sufridas en el atentado, sino que fue asfixiado posteriormente, con el fin de evitar que pudiera declarar y señalar a los responsables. Esta hipótesis fue reforzada en 2012 por estudios forenses dirigidos por el antropólogo Francisco Etxeberria, que descartaron una muerte por sepsis.
Cuando el rey Amadeo I acudió a la capilla ardiente y prometió justicia, la viuda del general respondió con una frase que aún resuena con fuerza: «No tendrá Vuestra Majestad que buscar mucho a su alrededor».
Más de siglo y medio después, el asesinato de Prim continúa siendo uno de los grandes enigmas de la historia de España: un crimen político, cuidadosamente ejecutado, cuyo eco aún interpela a la memoria colectiva del país.





