El 14 de marzo de 1519 quinientos hombres al mando de Hernán Cortés derrotaron cerca de Potonchán (actual estado de Tabasco) a un ejército formado por unos diez mil mayas chontales. Ese mismo día los indígenas entregaron a Cortés como regalo a Malintzin, fundamental como intérprete para derrotar a la tiranía azteca.
La expedición española había llegado pocos días antes a la desembocadura del río Grijalva. Los jefes mayas de la zona, pertenecientes al señorío de Potonchán, se negaron a aceptar la presencia de los recién llegados y reunieron un numeroso ejército para impedir su avance. Hernán Cortés decidió marchar hacia la ciudad acompañado por algo más de quinientos soldados, varios arcabuceros y ballesteros, algunas piezas de artillería ligera y dieciséis caballos.
Una batalla desigual
El enfrentamiento comenzó en una amplia llanura cercana a la ciudad. Los mayas, muy superiores en número, atacaron con arcos, lanzas y macanas, tratando de rodear a los españoles. Durante las primeras horas del combate la presión indígena fue intensa. Sin embargo, la ventaja tecnológica de los españoles comenzó a inclinar la balanza. Los arcabuces y la artillería causaban estruendo y desconcierto entre los guerreros chontales, mientras que las corazas de acero protegían a muchos de los soldados de los golpes de las armas indígenas.
El momento decisivo llegó con la entrada en combate de la caballería. Los mayas nunca habían visto caballos y el efecto psicológico fue enorme. Las cargas de los jinetes rompieron las líneas indígenas y provocaron el desorden entre sus filas. Tras varias horas de combate, el ejército chontal terminó retirándose hacia Potonchán.
La llegada de Malintzin
Al día siguiente los jefes indígenas enviaron emisarios para pedir la paz y ofrecer presentes a los vencedores. Entre ellos se encontraban varias mujeres esclavas. Una de ellas era Malintzin, que hablaba maya y náhuatl. Gracias a ella y a Jerónimo de Aguilar, que hablaba maya y castellano, Cortés pudo establecer un sistema de traducción que le permitiría comunicarse con los pueblos del interior de México.
La victoria de Centla fue el primer gran triunfo militar de la expedición en tierra firme y abrió el camino hacia el interior del territorio que, pocos años después, culminaría con la caída de Tenochtitlan.





