El Albaicín ofrece, desde sus calles empinadas y sus miradores improvisados, algunas de las mejores vistas de Granada: la Alhambra recortada contra Sierra Nevada, contemplada no desde un balcón turístico sino desde el mismo laberinto urbano que los musulmanes trazaron hace mil años. No hace falta llegar al mirador de San Nicolás para comprobarlo — basta con perderse por cualquiera de sus callejas para que, de pronto, entre dos muros encalados, aparezca la fortaleza roja enmarcada como si fuera un cuadro.
Un laberinto pensado para no dejarse ver del todo
Lo primero que sorprende a quien recorre el barrio es la estrechez de sus calles. No es casualidad ni descuido urbanístico: el trazado que hoy conocemos —calles que apenas permiten el paso de dos personas, callejones sin salida (los llamados adarves) y direcciones que cambian sin previo aviso— es obra específica del urbanismo islámico medieval, que adaptó las vías a la pendiente del terreno y a la necesidad de dar sombra e intimidad a las viviendas. No es herencia de épocas anteriores: el trazado romano, mucho más regular y ortogonal, desapareció bajo esta nueva ciudad.
Lo que sí es muy anterior al islam es el propio asentamiento sobre esta colina. El cerro que hoy ocupa el barrio estuvo habitado ya en época ibérica, con presencia documentada desde el siglo VII a.C., y pasó después por una fase de romanización bajo el nombre de Iliberis, que a comienzos del siglo IV fue sede de un concilio cristiano de relevancia continental. Con la llegada de los omeyas, la capital de la zona se fijó primero en Medina Elvira; no sería hasta el año 1013 cuando la dinastía zirí, tras el hundimiento del califato de Córdoba, levantara sobre esta colina la Alcazaba Qadima y trasladara aquí la capitalidad, dando origen a la Medina Garnata musulmana y, con ella, al trazado laberíntico que sustituyó al de la vieja Iliberis. En 1157 los almohades conquistaron el reino, y bajo su dominio, que se prolongó hasta 1212, el barrio creció con fuerza al recibir población desplazada desde los territorios que la Reconquista iba ganando en el norte, formándose entonces varios arrabales alrededor de la vieja alcazaba. Sería finalmente con la dinastía nazarí, entre los siglos XIII y XV, cuando el Albaicín alcanzara su máximo esplendor y se consolidara el entramado de calles, aljibes y cármenes que en gran parte sigue en pie.

De la Reconquista a la ocupación napoleónica
Con la conquista castellana de Granada en 1492 el barrio cambió de signo sin perder su trazado: las mezquitas se convirtieron en iglesias y, durante unas décadas, cristianos, moriscos y judeoconversos convivieron con una tolerancia relativa. Aquel equilibrio se rompió con la rebelión morisca de las Alpujarras y la posterior expulsión de los moriscos, que dejó el Albaicín en buena parte despoblado; muchas casas y huertos abandonados dieron origen a los grandes cármenes que hoy definen su paisaje.
Siglos más tarde, el barrio y toda la ciudad vivieron uno de sus episodios más dramáticos: la Guerra de la Independencia contra Napoleón. Granada respondió con una movilización notable frente a la invasión francesa: solo entre octubre de 1808 y mayo de 1809 la ciudad puso en pie de guerra a unos 33.000 hombres, una cifra superior incluso a la que le había asignado la Junta Central, y ya en junio de 1808 se había constituido la Junta Suprema de Gobierno de Granada para organizar la resistencia. Pese a ese esfuerzo, las tropas napoleónicas, al mando del mariscal Sebastiani, ocuparon la ciudad en enero de 1810 y mantuvieron el control hasta 1812. Al retirarse, el ejército francés voló varias torres de la Alhambra, cuyas ruinas —visibles desde no pocas calles del Albaicín— quedaron durante décadas como recordatorio del paso de la ocupación.

El siglo XX: de la decadencia al Patrimonio de la Humanidad
El siglo XIX trajo nueva decadencia: muchas viviendas del Albaicín, ya deterioradas, se convirtieron en huertos o fueron demolidas, hasta que artistas y viajeros románticos redescubrieron su encanto y sentaron las bases de la fama que tiene hoy.
En julio de 1936, con el estallido de la Guerra Civil, el Albaicín volvió a ser protagonista. El 20 de julio, mientras la guarnición militar de Granada, apoyada por la Guardia Civil, declaraba el estado de guerra y tomaba con rapidez el control de la ciudad, el barrio se erigió en un inesperado foco de resistencia republicana, favorecido por su trazado de calles estrechas y laberínticas y por la fuerte presencia de militantes anarquistas y obreros de la CNT-FAI. Mal armados y escasos en número, sus defensores levantaron barricadas en las principales entradas del barrio e intentaron frenar el avance desde los tejados y balcones con las pocas escopetas y pistolas de que disponían, con la esperanza de resistir hasta la llegada de refuerzos desde otras zonas de Andalucía. La ayuda nunca llegó, y el general José López-Pinto, al mando de las tropas que dominaban ya el resto de la ciudad, decidió acabar con la resistencia colocando piezas de artillería en la propia Alhambra y en la entrada de la iglesia de San Cristóbal, puntos elevados desde los que se dominaba el barrio; ese fuego de artillería, combinado con la infantería, la Guardia Civil y los falangistas, sofocó la defensa en apenas unos días. En el curso de los combates, la iglesia de San Nicolás quedó presa de las llamas y se derrumbó su techumbre. Un número importante de milicianos logró huir por los caminos de la sierra hasta el frente republicano de Guadix, donde la guerra continuaría casi tres años más; quienes no lo consiguieron sufrieron la represión que se desató en la ciudad tras el triunfo de la sublevación.
Casi sesenta años después, en 1994, la UNESCO declaró el Albaicín Patrimonio de la Humanidad junto con la Alhambra y el Generalife, reconociendo un conjunto urbano que atraviesa íberos, romanos, ziríes, almohades, nazaríes, castellanos y la propia contienda de 1936. Pasear hoy por sus calles es recorrer todas esas capas a la vez, hasta que, al fondo de cualquier callejón estrecho, aparece la Alhambra: la misma vista que ha convertido a este barrio en el mejor mirador de Granada.





