Crisis en el Estrecho de Ormuz: el mayor riesgo energético global en años

Estrecho de Ormuz
Estrecho de Ormuz

La escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán ha situado al mundo ante uno de los mayores riesgos energéticos de las últimas décadas. El foco de la tensión se encuentra en el estrecho de Ormuz, el paso marítimo por el que circula aproximadamente una quinta parte del petróleo que se consume en el planeta.

Los combates y la amenaza de ataques contra la navegación han provocado una fuerte caída del tráfico marítimo y han disparado los precios del crudo. El barril de Brent ha superado los 100 dólares, un nivel que no se veía desde hace tiempo, mientras que las primas de seguros para los buques que cruzan la zona han aumentado de forma considerable.

El cuello de botella energético del planeta

El estrecho de Ormuz, situado entre Irán y Omán, conecta el golfo Pérsico con el océano Índico. Por este corredor marítimo pasan cada día entre 17 y 20 millones de barriles de petróleo, procedentes principalmente de Arabia Saudí, Irak, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Catar.

Cuando esta ruta se ve amenazada, el impacto es inmediato en los mercados. Aunque el estrecho no está formalmente cerrado, el aumento del riesgo militar, los posibles ataques con misiles o drones y el temor de las compañías navieras han reducido el tránsito de petroleros.

Estados Unidos ha reforzado su presencia naval en la región para garantizar la seguridad de la navegación y ha pedido a otros países aliados que colaboren en una operación internacional destinada a mantener abierta la ruta. Para Washington, impedir que Irán utilice Ormuz como instrumento de presión geopolítica es una prioridad estratégica.

El “plan B” saudí

Ante la vulnerabilidad del estrecho, Arabia Saudí ha recurrido a una infraestructura clave: el oleoducto East-West, también conocido como Petroline. Esta red de más de mil kilómetros transporta petróleo desde los campos del este del país hasta el puerto de Yanbu, en el mar Rojo, evitando completamente el paso por el golfo Pérsico.

El sistema puede transportar varios millones de barriles diarios y permite a Riad mantener parte de sus exportaciones incluso si Ormuz se vuelve demasiado peligroso. Sin embargo, su capacidad es limitada y no puede sustituir completamente el flujo de crudo que normalmente atraviesa el estrecho.

Además, el mar Rojo tampoco está libre de riesgos. Los ataques de los rebeldes hutíes contra buques mercantes en la región han aumentado el coste de los seguros y obligan a muchas navieras a extremar las precauciones.

Un mercado energético extremadamente sensible

La situación demuestra hasta qué punto el sistema energético mundial depende de unos pocos puntos estratégicos. El estrecho de Ormuz es uno de los más importantes, junto con el canal de Suez o el estrecho de Malaca.

Aunque existen rutas alternativas —oleoductos en Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos o mayores exportaciones desde América—, ninguna puede compensar completamente un bloqueo prolongado del estrecho.

Por eso, más que un cierre total, lo que preocupa a los mercados es la incertidumbre. Incluso pequeñas interrupciones o el simple temor a una escalada militar bastan para provocar subidas bruscas del petróleo y alterar el comercio global.

El futuro de la crisis dependerá en gran medida de la evolución del conflicto entre Irán y sus adversarios y de la capacidad de la comunidad internacional para garantizar la seguridad de la navegación en uno de los corredores marítimos más importantes del planeta.

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