¿Saben que antes de la llegada de los españoles a América las mercancías se transportaban a la espalda de las personas? La llegada del burro al continente permitió a muchos indígenas literalmente enderezar la espalda.
En gran parte de América no existían animales de tiro como el burro, el caballo, la mula o el buey, ni se utilizaba la rueda aplicada al transporte. Por ello, durante siglos, el traslado de mercancías dependió casi exclusivamente del esfuerzo humano.
Los tamemes: porteadores del mundo prehispánico
En Mesoamérica existían porteadores profesionales llamados tamemes, que cargaban maderas, piedras, alimentos o mercancías sobre la espalda durante largas distancias. El jesuita novohispano Francisco Javier Clavijero describió aquella realidad como «infinita gente dedicada a la carga», adiestrada desde la infancia en ese oficio. Los caciques podían disponer de docenas e incluso centenares de cargadores.
La única excepción relevante se encontraba en los Andes, donde los pueblos indígenas utilizaban llamas como animales de carga. Sin embargo, su capacidad era limitada —normalmente entre 20 y 30 kilos— y no podían arrastrar carros ni transportar grandes pesos como los équidos introducidos posteriormente.
La llegada del burro y la transformación del transporte
La introducción en el siglo XVI del asno, la mula y el caballo cambió radicalmente esta situación. Animales resistentes, capaces de transportar grandes pesos durante kilómetros, redujeron la necesidad de que las personas soportaran físicamente ese esfuerzo.
El impacto fue visible en grandes circuitos comerciales. En la célebre feria de Portobelo, en el istmo panameño, recuas de hasta quinientas mulas transportaban cajones de oro y plata y regresaban con mercancías hacia Honduras, Guayaquil o Bogotá. Miles de acémilas se concentraban en la ciudad. Antes del siglo XVI, un volumen semejante de transporte habría recaído necesariamente sobre porteadores humanos.
A comienzos del siglo XIX, solo en México se contabilizaban decenas de miles de mulas y miles de arrieros, cuyo oficio se convirtió en una pieza clave de la economía. El burro y la mula no fueron simples animales importados: transformaron el comercio, la agricultura y las comunicaciones interiores del continente.
El “monumento al burro” de José Vasconcelos
Por eso el pensador mexicano José Vasconcelos llegó a proponer un simbólico “monumento al burro”. Sostenía que, en lugar de tantas estatuas dedicadas a políticos o generales, debería honrarse al primer borrico traído por la conquista, porque había contribuido más a aliviar la vida del indio que muchos discursos grandilocuentes.





