Hasta hace poco la palabra funeral tuvo en España un significado claro y compartido. No era un acto neutro ni una ceremonia diseñada por un gabinete de protocolo. Era una misa de difuntos, una oración por el alma del fallecido, un rito que daba sentido a la muerte en el que la vida no terminaba en una caja de madera.
Frente a esa tradición el Gobierno socialista ha impuesto el llamado funeral laico, una fórmula presentada como moderna y tolerante, pero que en realidad es profundamente pobre desde el punto de vista humano y cultural. Un funeral laico no es un funeral, es un acto civil de despedida, una ceremonia de palabras bonitas que evita deliberadamente cualquier referencia a la trascendencia. Se conserva la escenografía, pero se elimina el significado.
Cuando el rito es sustituido por el protocolo
Durante siglos, el funeral cristiano permitió a millones de personas afrontar la muerte con esperanza, con consuelo y con una visión que iba más allá del simple final biológico. El funeral laico, en cambio, reduce la muerte a un hecho administrativo que se gestiona con música, discursos y una cierta estética emocional.
Eso no es neutralidad. Es una forma de amputación cultural. Se priva a la sociedad de un marco simbólico que ayudaba a comprender la pérdida. Se reemplaza una tradición milenaria por un formato diseñado para no incomodar a nadie, y al final no consuela a casi nadie.
Una imposición ideológica disfrazada de modernidad
En regiones como Andalucía, donde la religiosidad popular forma parte de la identidad colectiva, esta sustitución no es un simple cambio de formato. Es una agresión cultural. Cofradías, iglesias y ritos funerarios han acompañado a generaciones enteras en los momentos más duros de la vida. Convertir eso en un acto civil es tratar una herencia espiritual como si fuera un estorbo.
Llamar funeral a ese acto es una trampa lingüística. Se conserva la palabra, pero se vacía de alma. El duelo no se resuelve con un micrófono y una lista de canciones. Se enfrenta con símbolos, con fe y con una tradición que no nació ayer.





