Miedo. Teníamos miedo… pero no al payaso. Miedo a que It: Welcome to Derry se quedara en una precuela innecesaria, en un ejercicio de estirar el mito y dejarlo sin alma. Pero la serie ha demostrado, capítulo a capítulo, que no solo entiende el universo de Stephen King, sino que se atreve a mirarlo de frente, a hurgar en la herida y a hacerlo sangrar un poco más.
Desde el inicio, Derry vuelve a sentirse como lo que siempre ha sido: una ciudad enferma. No por lo que se ve, sino por lo que se oculta, por lo que se normaliza, por lo que los adultos prefieren no mirar. La serie se toma su tiempo para construir esa atmósfera densa, incómoda, casi pegajosa, donde el miedo no siempre tiene forma de monstruo y donde la violencia, el racismo o la pérdida pesan tanto como cualquier aparición sobrenatural.
Pennywise sigue siendo el centro de todo, pero aquí no es solo un icono del terror. La serie se permite explorar qué es It, cómo funciona su presencia y por qué Derry parece atrapada en un ciclo que se repite una y otra vez. No lo hace de forma burda ni explicativa en exceso, sino integrando esa información en la propia narrativa, de manera que el espectador siente que entiende más… y, al mismo tiempo, que el horror es aún mayor.
El último episodio, emitido este lunes, cierra la temporada con una sensación extraña pero potente: la de haber cerrado el círculo. Sin entrar en spoilers, la conexión con las películas está ahí, clara y significativa, no como un guiño gratuito, sino como una pieza que encaja y da sentido a lo que ya conocíamos. Es un final que no busca el golpe fácil, sino dejar huella, hacer que mires hacia atrás y reconsideres muchas cosas.
Y sí, contra todo pronóstico para una serie de terror, Welcome to Derry también es emocional. Hay momentos que te encogen el corazón, que hablan de pérdidas irreparables, de infancia rota y de decisiones que llegan demasiado tarde. Más de una escena está pensada no para asustar, sino para hacer daño. Y duele.
La serie no pretende sustituir a las películas ni competir con ellas. Su mayor logro es otro: ampliar el universo de It sin traicionarlo, añadir capas al mito y recordarnos que el verdadero horror de Derry no siempre lleva maquillaje ni sonrisa. A veces, simplemente, permanece. Y te acompaña mucho después de que termine el capítulo.
It: Welcome to Derry no es solo más Pennywise. Es más historia, más contexto y más emociones. Y cuando una serie de terror consigue que se te escape alguna lágrima entre sustos, sabes que ha hecho algo muy bien.





