El 22 de febrero de 1819, España y Estados Unidos firmaron el Tratado Adams-Onís, un acuerdo que supuso la cesión de Florida y puso fin a casi tres siglos de soberanía española sobre ese territorio. La transferencia efectiva se produjo en 1821, cuando las autoridades españolas entregaron formalmente el control a Estados Unidos. Este acontecimiento marcó un punto de inflexión en la presencia española en América del Norte y en la expansión territorial estadounidense.
La presencia española en Florida se remontaba al siglo XVI. En 1565, Pedro Menéndez de Avilés fundó San Agustín, que se convertiría en el asentamiento europeo habitado de forma continua más antiguo de los actuales Estados Unidos. Durante siglos, Florida desempeñó un papel estratégico en el sistema defensivo del Imperio español, al proteger las rutas marítimas entre el Atlántico y el golfo de México, así como el acceso a territorios clave como Cuba y el virreinato de Nueva España.
Un territorio cada vez más difícil de defender
A comienzos del siglo XIX, la situación de España había cambiado profundamente. La invasión napoleónica, la Guerra de la Independencia y los procesos revolucionarios en América habían debilitado gravemente su capacidad militar y financiera. Florida, con escasa población española y una presencia militar limitada, se había convertido en un territorio difícil de controlar.
Al mismo tiempo, Estados Unidos mostraba un interés creciente en la región. La inestabilidad en la frontera y los conflictos con tribus seminolas sirvieron de contexto para la intervención del general Andrew Jackson, que en 1818 penetró en territorio español y ocupó varias posiciones. Estas acciones evidenciaron la fragilidad del dominio español y aumentaron la presión sobre Madrid para alcanzar una solución diplomática.
Ante esta situación, España optó por negociar. El Tratado Adams-Onís estableció la cesión de Florida a Estados Unidos y fijó una frontera que delimitaba los territorios estadounidenses y españoles hasta el Pacífico. Como parte del acuerdo, Estados Unidos se comprometió a asumir el pago de reclamaciones presentadas por sus propios ciudadanos contra España, hasta un máximo de cinco millones de dólares, liberando así al Estado español de esas obligaciones.
El final de una etapa histórica
La cesión de Florida reflejó la nueva realidad geopolítica del continente. España, incapaz de defender eficazmente el territorio, optó por garantizar la estabilidad de sus fronteras restantes y evitar un conflicto mayor. Para Estados Unidos, la adquisición de Florida eliminó una frontera vulnerable y consolidó su expansión hacia el sur.
Pese al cambio de soberanía, el legado español permaneció. La ciudad de San Agustín, numerosos topónimos de origen hispano y elementos simbólicos como la cruz diagonal presente en la bandera estatal recuerdan el prolongado periodo de dominio español.
La cesión de Florida no fue solo una transferencia territorial, sino el cierre de una etapa iniciada más de dos siglos antes. Representó el declive de la presencia española en América del Norte y el avance de una nueva potencia que, en las décadas siguientes, continuaría expandiendo sus fronteras por el continente.





