La toma de Granada: el final de ocho siglos de presencia islámica en la Península

Toma de Granada
Toma de Granada

El 2 de enero de 1492 se produjo la toma de Granada, último territorio bajo dominio islámico en la Península Ibérica. Con este acontecimiento se ponía fin a un proceso iniciado siglos atrás y se cerraba definitivamente la etapa de Al-Ándalus. La operación fue el desenlace de una prolongada campaña militar dirigida por los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón.

La guerra había comenzado en 1481, tras la toma nazarí de Zahara. Durante una década, las tropas cristianas fueron avanzando de manera constante, conquistando plazas estratégicas como Loja, Málaga, Baza, Guadix o Almería. Aunque participaron contingentes de la Corona de Aragón, el esfuerzo militar recayó principalmente en Castilla.

La entrada en la Alhambra

En la madrugada del 1 al 2 de enero de 1492, un contingente de unos 400 espingarderos y lanceros, al mando del comendador mayor de León, Gutierre de Cárdenas, partió del campamento de Santa Fe con destino a la Alhambra. Su misión era asegurar la fortaleza antes del amanecer y evitar cualquier alteración del orden.

La entrega de la ciudad había sido pactada en las Capitulaciones firmadas el 25 de noviembre de 1491. Ante el temor de disturbios, el sultán Boabdil decidió adelantar la rendición y envió a su hijo y a varios rehenes como garantía. En la Torre de Comares entregó las llaves de la ciudad, tras lo cual se celebró una misa en el recinto palatino.

Al amanecer del 2 de enero, tres disparos de artillería anunciaron que la Alhambra estaba asegurada. Poco después se izaron la cruz y los estandartes de los Reyes Católicos en la Torre de la Vela. Ese mismo día tuvo lugar el acto formal de la rendición en el arenal del Genil, y el conde de Tendilla fue nombrado primer alcaide cristiano de la fortaleza.

Un acontecimiento de alcance europeo

La caída de Granada tuvo una notable repercusión internacional. El papa Inocencio VIII ordenó celebrar una misa en Roma y diversas cortes europeas reconocieron el significado político y religioso del acontecimiento. La desaparición del último reino islámico peninsular fue interpretada como un hito para la cristiandad occidental, especialmente tras la caída de Constantinopla en 1453.

Los Reyes Católicos no entraron solemnemente en Granada hasta el 6 de enero de 1492. Fernando dispuso que cada 2 de enero se conmemorase la toma de la ciudad, una tradición que ha perdurado como recuerdo del final de una etapa decisiva de la historia de España.

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