Por primera vez, los nuevos entrenadores PC-21 del Ejército del Aire y del Espacio surcaron los cielos de la capital durante el desfile del 12 de octubre, dejando tras de sí la estela rojigualda que simboliza la unidad y el orgullo nacional. Su paso, sincronizado y preciso, marcó uno de los momentos más esperados y emotivos de la Fiesta Nacional de España.
Cinco aeronaves de la Academia General del Aire y del Espacio (AGA), conocidas con el nombre de Formación Mirlo, fueron las encargadas de dibujar los colores de la bandera española sobre un cielo cubierto, pero que se iluminó al paso de los nuevos Pilatus. Miles de personas alzaron la vista para contemplar este hito, que supone la presentación oficial de un sistema de instrucción de vuelo de última generación, destinado a formar a los futuros pilotos del Ejército del Aire y del Espacio.
La aparición de los PC-21 se produjo durante el acto de homenaje a los que dieron su vida por España, coincidiendo con el toque de oración. En un silencio solemne, roto solo por el eco de los acordes de La muerte no es el final, los aviones irrumpieron en formación cerrada, tiñendo el aire de rojo y gualda. El momento, cargado de simbolismo, unió la memoria de los caídos con la mirada al futuro de la aviación militar española.
El PC-21, fabricado por la empresa suiza Pilatus, representa un salto cualitativo en la formación de pilotos. Sustituye al veterano C-101 Aviojet, que durante más de cuarenta años ha sido el emblema de la enseñanza aérea en España. Con su avanzada aviónica digital, su capacidad acrobática y su eficiencia de combustible, el PC-21 permite simular condiciones de vuelo de cazas de última generación, preparando a los alumnos para operar en plataformas como el Eurofighter Typhoon.
Durante el desfile, los cinco Pilatus del 792 Escuadrón, con base en San Javier, ejecutaron con exactitud milimétrica las maniobras programadas, demostrando la pericia y el entrenamiento de sus tripulaciones. La sincronización entre las aeronaves y la emisión de humo tricolor exigió una coordinación perfecta, fruto de semanas de ensayos bajo la supervisión del Mando Aéreo de Combate.
Más allá de la destreza técnica, el vuelo de la Formación Mirlo tuvo un fuerte componente simbólico. Representó la continuidad de una tradición aérea que une a generaciones de aviadores, desde los pioneros del Plus Ultra hasta los instructores actuales de la Academia General del Aire y del Espacio. En sus alas viajó el homenaje a quienes sirvieron antes y la esperanza de quienes aprenderán mañana.
Con su elegante silueta y su estela nacional, los Pilatus PC-21 se convirtieron en protagonistas indiscutibles de la jornada. Su vuelo fue, al mismo tiempo, un tributo a la historia y una declaración de futuro: España mantiene en sus cielos la excelencia, la modernidad y el espíritu de sus Fuerzas Armadas.





