La Nochebuena de 1734 en la que Las Meninas sobrevivieron al fuego

Las Meninas
Las Meninas

Hoy hace 291 años que volvieron a nacer Las Meninas, la obra más célebre del pintor sevillano Diego Rodríguez de Silva y Velázquez. En la Nochebuena del 24 de diciembre de 1734, el Alcázar de Madrid quedó envuelto en llamas y el lienzo estuvo a punto de desaparecer para siempre. Para salvarlo del fuego, fue arrojado por una ventana, en una maniobra desesperada que acabó dañando la cara de la infanta Margarita, desperfecto que sería restaurado años después. No todas las obras corrieron la misma suerte: La expulsión de los moriscos, también de Velázquez, ardió por completo, perdiéndose una de las grandes composiciones del Siglo de Oro.

El incendio comenzó en torno a las once de la noche y se prolongó durante cuatro días. El Alcázar, una residencia real de origen medieval reformada durante siglos, estaba construido en buena parte con maderas nobles, lo que facilitó que las llamas avanzaran sin control. A ello se sumó la falta de medios eficaces contra incendios, habitual en la época, y una circunstancia decisiva: no se tocó a rebato en los primeros momentos, pues muchos pensaron que el repique de campanas respondía a alguna celebración propia de la Nochebuena. Cuando se comprendió la gravedad de la situación, el palacio ardía ya sin remedio.

Un incendio accidental y un palacio condenado

La causa más aceptada fue accidental. Todo apunta a un brasero o una chimenea mal apagada en los aposentos reales, un riesgo frecuente en los grandes edificios palaciegos del Antiguo Régimen. El fuego se propagó con rapidez por artesonados, suelos y techumbres, convirtiendo el Alcázar en una enorme antorcha visible desde buena parte de Madrid. La confusión inicial y la lentitud en la reacción hicieron imposible salvar el edificio, aunque no impidieron que se intentara rescatar lo que había sido durante generaciones el corazón artístico de la monarquía.

Aquella noche, el rey Felipe V y su familia no se encontraban en el Alcázar. El primer monarca borbón detestaba aquel palacio antiguo, incómodo y de trazas medievales, y se había trasladado al Palacio de El Pardo, más acorde con los gustos franceses de la corte. Este hecho alimentó pronto maledicencias, llegando a circular el rumor de que el incendio había sido provocado por orden del rey, extremo para el que no existe prueba alguna.

Pérdidas irreparables y un nuevo comienzo

Las consecuencias fueron catastróficas. Se perdió uno de los palacios más importantes de la monarquía española, residencia de los Austrias durante siglos. Desaparecieron centenares de obras de arte, incluidas pinturas de Velázquez, Rubens, Tiziano o El Bosco, en una de las mayores catástrofes patrimoniales de la historia de España. Aun así, en medio del caos, se vivieron escenas desesperadas: lienzos arrojados por las ventanas, marcos destrozados para rescatar las telas y cuadros salvados entre humo y llamas.

Apagado el incendio, Felipe V ordenó la construcción de un nuevo Palacio Real, concebido en piedra para evitar tragedias similares. De las cenizas del viejo Alcázar nacería el actual Palacio Real de Madrid, mientras Las Meninas, golpeadas pero vivas, quedarían como símbolo de aquella Nochebuena en la que el arte español estuvo a punto de desaparecer.

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