La verdadera razón del nacimiento de Jesús en Belén

Durante estas fechas es habitual leer afirmaciones según las cuales José y María habrían sido inmigrantes en el momento del nacimiento de Jesús. Nada más lejos de la realidad. Esa interpretación ignora el contexto histórico, político y social en el que se produjo aquel acontecimiento y demuestra, en muchos casos, un profundo desconocimiento de los propios Evangelios.

José y María vivían en Nazaret, una pequeña aldea de Galilea situada al norte, dentro del ámbito del Imperio romano. En aquel tiempo, Roma gobernaba la región mediante reyes clientes, entre ellos Herodes el Grande, y ejercía un férreo control administrativo y fiscal sobre la población. El objetivo era claro: garantizar el cobro de impuestos y asegurar la estabilidad del territorio.

Según relata el evangelista Lucas, el viaje a Belén no fue voluntario, sino consecuencia de un empadronamiento decretado bajo el gobierno de César Augusto. Estos censos no eran algo excepcional. Formaban parte del funcionamiento ordinario del Imperio y permitían organizar la población, fijar cargas fiscales y reforzar la autoridad romana. En una sociedad donde el linaje y la pertenencia familiar tenían un peso decisivo, el empadronamiento debía realizarse en el lugar de origen del clan.

José, descendiente de la casa de David, estaba obligado a acudir a Belén, la ciudad vinculada históricamente a su linaje. No se trataba de una elección personal ni de una migración en busca de oportunidades, sino de una obligación administrativa impuesta por el poder político del momento.

Belén: una aldea sin importancia

Belén era entonces una población menor, sin relevancia política, económica ni militar. No podía compararse con Jerusalén, Cesarea o Séforis. Su nombre apenas tenía peso en la administración romana. Con el tiempo, sin embargo, adquiriría una enorme carga simbólica, ya que la tradición profética —recogida por Miqueas— situaba allí el origen del futuro gobernante de Israel. Pero en aquel momento, Belén no era más que un punto administrativo al que había que acudir por obligación.

Cuando José y María llegaron, no encontraron alojamiento disponible. Este dato, tantas veces simplificado, tiene una explicación lógica: no eran forasteros en el sentido moderno, ni personas desplazadas en busca de un nuevo hogar. Eran una pareja obligada a trasladarse temporalmente, coincidiendo con otros muchos que acudían por el mismo motivo. En una aldea pequeña, sin infraestructura suficiente, la saturación era inevitable.

Un nacimiento condicionado por la historia

El nacimiento de Jesús en Belén no responde a una elección personal ni a un designio político humano. Se explica por tres factores concretos: la residencia habitual de la pareja en Nazaret, la obligación de desplazamiento derivada del empadronamiento y el vínculo familiar de José con la casa de David.

Lejos de los tópicos actuales, no hubo migración, ni huida, ni búsqueda de oportunidades. Hubo obediencia a una estructura administrativa propia del mundo romano y un acontecimiento humano que, con el tiempo, adquiriría una dimensión histórica y espiritual incomparable.

Belén no fue un destino elegido. Fue el lugar al que llevaron las circunstancias de su tiempo.

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