El coste total de tener un automóvil eléctrico empieza a estrechar distancias con el de los vehículos de combustión, pese a que su precio de adquisición continúa siendo generalmente superior. Los últimos datos publicados por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) apuntan al ahorro en energía y mantenimiento como uno de los principales factores que pueden compensar ese desembolso inicial.
Según los cálculos de la organización, recorrer 100.000 kilómetros con un eléctrico, considerando un consumo medio de 18 kWh cada 100 kilómetros y realizando principalmente la recarga doméstica, supone aproximadamente 2.700 euros en electricidad. Para un automóvil de gasolina con un consumo de 7,5 litros cada 100 kilómetros, el gasto estimado asciende a unos 12.000 euros. La diferencia supera, por tanto, los 9.000 euros.
OCU estima que un eléctrico nuevo cuesta actualmente entre 4.000 y 8.000 euros más que un modelo equivalente de gasolina, diferencia que podría recuperarse antes de alcanzar los 100.000 kilómetros cuando la carga se realiza habitualmente en el domicilio. El cálculo no incluye posibles ayudas públicas.
También existe una ventaja en mantenimiento. La revisión anual de un eléctrico cuesta de media unos 140 euros, frente a alrededor de 250 euros en gasolina o diésel. El contrapeso aparece en los seguros: una póliza a todo riesgo para un eléctrico resulta de media un 36% más cara.
La fiabilidad puede reducir igualmente el coste a largo plazo. Una encuesta entre 3.810 propietarios de eléctricos sitúa a BMW y Smart como las marcas más fiables, con 91 puntos sobre 100, seguidas de Tesla, BYD y Dacia, con 89.
Los datos reflejan así una transformación del mercado del automóvil en la que el consumidor empieza a valorar no solo el precio de compra, sino también energía, mantenimiento, seguro, averías y vida útil al calcular el coste real del vehículo.





