Una cocina romana de 2.000 años sale a la luz en Sasamón (Burgos)

Cocina Romana
Cocina Romana

Un equipo de arqueólogos de la Universidad de Salamanca (USAL) y del CSIC ha sacado a la luz, en el yacimiento de La Era, en Sasamón (Burgos), los restos de una cocina doméstica de hace dos mil años. Se localiza a los pies de la iglesia de Santa María la Real de Sasamón, la antigua Segisamo romana, en pleno territorio de los turmogos, el pueblo prerromano de la Edad del Hierro que habitaba esta parte de la meseta norte antes de la llegada de Roma. La estructura, fechada en época de Augusto y Tiberio (finales del siglo I a.C.-comienzos del I d.C.), conserva restos de un posible horno, capas de ceniza y carbón, y un abundante repertorio de menaje culinario: sartenes de cerámica de engobe rojo pompeyano, dolia o grandes tinajas de almacenaje, ollas, morteros, fragmentos de un clibanus (horno portátil para pan), lucernas de aceite y cerámica fina de tipo terra sigillata italica. Junto a los utensilios de cocina aparecieron también adornos personales —colgantes de bronce, cuentas de vidrio, brazaletes de azabache—, herramientas de hierro, huellas dejadas en ladrillos de arcilla y algunos grafitos cerámicos.

El toque de la abuela turmoga

El director de la excavación por la USAL, José Manuel Costa García, y su colega Jesús García Sánchez, del Instituto de Arqueología de Mérida (IAM-CSIC), destacan que lo relevante no es solo la riqueza del ajuar, sino lo que revela sobre la romanización lejos de los espacios monumentales. «Tenemos una imagen un tanto idealizada de las ciudades romanas como espacios monumentalizados, pero rara vez encontraremos mosaicos y paredes pintadas en espacios domésticos y productivos», señala Costa García. García Sánchez añade que «en época de Augusto y Tiberio vivían en Segisamo personas cuyas prácticas culinarias eran plenamente romanas», aunque matiza que eso «no significa que todos los habitantes fueran foráneos», ya que parte de la cerámica hallada sigue la tradición turmoga: la vajilla mezcla piezas de raíz indígena con importaciones itálicas, señal de que las familias locales incorporaron nuevos utensilios y costumbres sin renunciar del todo a las suyas.

El descubrimiento culmina una investigación de largo recorrido: 2026 marca el décimo año de un proyecto conjunto de la USAL y el IAM-CSIC que combina excavación tradicional con drones, georradar y magnetómetro para reconstruir la evolución de Segisamo desde la Prehistoria hasta época contemporánea. El equipo ya había documentado en el cercano Cerro Castarreño un asentamiento turmogo de la Edad del Hierro y un cerco de asedio romano, y las capas estratigráficas del entorno han revelado además una necrópolis del siglo XIX hasta entonces desconocida. Financian esta fase la Diputación de Burgos, el Ayuntamiento de Sasamón y la Junta Vecinal de Olmillos de Sasamón.

Roma no llegó solo con sus mármoles

Más allá del interés local, el hallazgo matiza el debate sobre cómo se produjo la romanización de Hispania: no como una sustitución brusca de lo indígena por lo romano, sino como un proceso de convivencia y mezcla que llegó hasta el gesto más cotidiano posible, preparar la comida familiar, dejando espacio para que las tradiciones turmogas sobrevivieran integradas en la nueva cultura material.

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