Hay que resistir las teorías buenistas que afirman que los marroquíes que invadieron Ceuta el 30 y 31 de julio deben ser atendidos, darles comida, habitación e incluso un móvil (una ONG hoy repartía teléfonos en una playa).
Estos «buenistas», la mayoría olvidan que estos marroquíes únicamente tendrían que recorrer unos cientos de metros para dejar estar en una situación de necesidad que han provocado ellos solos violentando las fronteras del país que ahora quieren que les atienda.
No vienen de una guerra, en Marruecos no hay una guerra y para inri, su país dice tener la capacidad económica para organizar un mundial. Qué menos que se ocupe de los súbditos de su majestad Mohamed VI.
Responsabilidad individual y obligación del Estado de origen
La situación de necesidad en la que se encuentran no es resultado de una catástrofe ni de un conflicto armado, sino de una decisión consciente y voluntaria: la de traspasar una frontera soberana de forma irregular. Nadie les puso una pistola en la sien para que cruzaran: lo decidieron ellos, sabiendo que era ilegal, y ahora pretenden que el país al que han entrado por la fuerza cargue con las consecuencias de esa decisión.
Si la distancia física con el país de origen es de apenas unos cientos de metros, la solución no es habilitar más recursos en suelo español, sino el retorno inmediato a ese territorio. Marruecos, como Estado soberano con plena capacidad institucional y económica —la misma que invoca para presentarse como sede mundialista—, es el único responsable legítimo del bienestar de sus ciudadanos. Cada día que pasa sin que se ejecuten esos retornos es una claudicación más de quienes deberían estar aplicando la ley, no gestionando el bochorno con paños calientes.
El efecto llamada y la sobrecarga de un sistema que no da más de sí
Facilitar asistencia, alojamiento o bienes como un teléfono móvil a quien acaba de cruzar de forma irregular un límite territorial no es humanitarismo neutro: es un incentivo directo, publicitado en redes sociales marroquíes en cuestión de horas, para que la próxima oleada llegue todavía más numerosa. Cada gesto de «acogida» sin condiciones es munición para la siguiente convocatoria de cruce masivo.
El principio de firmeza en la frontera y la devolución inmediata no son crueldad: es sentido común. Es la única vía que protege tanto la soberanía nacional como una ciudad, Ceuta, que no puede seguir pagando con su normalidad la indecisión de quienes tendrían que haber cerrado la frontera antes de que esto llegara a este punto.
La foto es de OK Diario





