El “Alfonso Pérez”, el barco del terror rojo donde murieron sacerdotes y mártires de Santander

Barco prisión Alfonso Pérez
Barco prisión Alfonso Pérez

El barco prisión Alfonso Pérez, fondeado frente a Santander durante la Guerra Civil, se convirtió en uno de los lugares más siniestros de la persecución religiosa en España. En sus bodegas fueron encerrados sacerdotes, seminaristas, religiosos y laicos católicos, muchos de los cuales terminaron asesinados. Una parte importante de los 80 mártires cántabros cuya beatificación acaba de aprobar León XIV estuvo presa o murió vinculada a la matanza ocurrida en este barco el 27 de diciembre de 1936.

Una cárcel flotante convertida en escenario de una matanza

El Alfonso Pérez había sido originalmente un buque mercante, pero fue transformado en prisión flotante ante la saturación de las cárceles santanderinas tras el estallido de la guerra. En él fueron hacinados centenares de detenidos considerados sospechosos de simpatizar con el bando nacional: militares, civiles conservadores, sacerdotes y religiosos.

Los supervivientes describieron condiciones extremas: humedad constante, hacinamiento, hambre y amenazas continuas. Muchos presos apenas podían salir a cubierta y permanecían encerrados en bodegas oscuras durante semanas.

La tragedia alcanzó su punto culminante el 27 de diciembre de 1936. Tras un bombardeo nacional sobre Santander, grupos armados acudieron al barco para vengarse de los cautivos. Según las investigaciones históricas más citadas, entre 156 y 160 presos fueron asesinados aquel día. Algunos murieron por disparos y granadas lanzadas a las bodegas; otros fueron sacados para ser ejecutados posteriormente.

La Santa Sede ha recordado además que algunos mártires fueron “arrojados al mar con las manos y los pies atados y una piedra unida al cuerpo”.

Francisco González de Córdova y los mártires de Santander

Entre los sacerdotes asesinados vinculados al Alfonso Pérez que van a ser beatificados se encontraba Francisco González de Córdova, párroco de Santa María del Puerto de Santoña. Nacido en Viérnoles en 1888, rechazó huir de Cantabria cuando comenzó la persecución religiosa y decidió permanecer junto a sus fieles.

Detenido y trasladado al barco prisión, continuó ejerciendo clandestinamente su labor sacerdotal entre los presos. Los testimonios recogidos en su causa de beatificación afirman que rezaba diariamente el rosario y que pidió ser el último en morir para poder absolver a sus compañeros antes de la ejecución.

El decreto firmado por León XIV reconoce el martirio de 80 víctimas de la diócesis de Santander asesinadas entre 1936 y 1937. El grupo está formado por 67 sacerdotes diocesanos, 3 religiosos carmelitas, 3 seminaristas y 7 laicos católicos.

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