Entrevista | Fernando Martínez Laínez: «El Camino Español fue la mayor maniobra logística que sostuvo el Imperio español durante 80 años»

El Camino Español
El Camino Español

El escritor e investigador Fernando Martínez Laínez, autor de referencia en la divulgación de los Tercios españoles con títulos como Una pica en Flandes o Hermanos de guerra, publica ahora El Camino Español. La larga marcha europea de los Tercios (Dragón Colección), un volumen ilustrado con mapas y láminas de Ricardo Sánchez y prologado por el teniente general César Muro Benayas. Conversamos con él sobre esta ruta militar que, durante más de ocho décadas, mantuvo con vida la presencia española en Flandes.

Para quien no lo conozca, ¿qué fue el Camino Español?

El Camino Español fue una maniobra militar, una maniobra logística, que consistía en enviar tropas desde el sur de Europa —desde Génova, desde Milán— hacia Flandes, para sostener aquella guerra tremenda que duró 80 años en los Países Bajos. Exigió una cantidad de recursos y de hombres enorme, recursos que permitieron alimentar una contienda que, de otra manera, se habría perdido mucho antes.

¿Cuándo y por qué nace esta ruta?

Nace de la necesidad de combatir la rebelión que existía en los Países Bajos contra la Corona hispana, directamente contra Felipe II. Fue una insurrección donde se mezclaron factores económicos, personales y religiosos, un conflicto que terminó siendo muy envenenado para España. La única manera que tenía la Corona de mantener la soberanía española en aquel territorio era con un ejército, y ese ejército había que enviarlo desde España o desde el sur de Italia, reunirlo en Milán y desde allí llevarlo hasta Flandes. En definitiva, el origen del Camino está en tratar de asentar la soberanía de la monarquía católica en los Países Bajos.

¿Por qué se eligió al duque de Alba para comandar la primera expedición?

Lo eligió el rey pensando que era el personaje más adecuado para aplicar una política dura de represión frente a la insurrección. No fue una elección improvisada: se discutió y se debatió en los Consejos de Guerra y de Estado. Felipe II tenía claro que Alba iba a aplicar mano dura en los Países Bajos.

El duque salió de España contando con que el rey se desplazaría después hasta Flandes para mostrarse benevolente con las causas que habían motivado el conflicto. Pero el rey, por unas razones u otras, nunca llegó a aparecer por allí, y Alba quedó en un papel puramente represivo que en principio no estaba previsto. Eso hizo que todo el panorama se fuera envenenando a marchas forzadas.

¿Cuántas rutas distintas llegó a tener el Camino a lo largo de los años?

Es importante señalar que el Camino Español no era un itinerario fijo ni una ruta única, sino un haz de rutas que dependía de las circunstancias en cada momento. Podríamos hablar de tres troncos básicos.

La primera es la ruta occidental, la que sigue el duque de Alba en 1567 para llegar desde Génova hasta los Países Bajos: pasaba por el Milanesado, Saboya, atravesaba los Alpes saboyanos, entraba por el Piamonte, llegaba al Franco Condado y de ahí a Alsacia y Lorena, para entrar en Flandes por Thionville, en el actual Luxemburgo.

A medida que las circunstancias fueron cambiando surgió la ruta de los cantones suizos católicos, que pasaba por el paso de San Gotardo y enlazaba con el sur de Alemania, para volver a entrar en Alsacia y Lorena.

Y existió una tercera ruta importante, la del Valle de la Valtelina, en el norte de Italia, que enlazaba el Milanesado con el Tirol y las posesiones del Sacro Imperio, y que se convirtió también en una vía estratégica fundamental para España.

Esos tres troncos son las partes fundamentales en las que se puede dividir el Camino Español. Insisto: no se trataba de un solo camino, sino de una maniobra logística con muchas rutas posibles, según las circunstancias económicas, militares y logísticas de cada momento.

¿Qué papel tuvo Juan de Austria en la Guerra de Flandes y en el Camino Español?

Un papel muy importante, como correspondía a la categoría del personaje. Don Juan de Austria llegó a los Países Bajos en una situación ya muy comprometida para la causa española. Era un hombre muy entregado a sus soldados, volcado en tratar de enderezar la situación. Lo consiguió en parte, pero tuvo la mala suerte de morir muy joven. Se dijo que la causa fueron unas fiebres tifoideas, aunque hay opiniones bien fundadas de que pudo tratarse de un envenenamiento.

Fue enterrado en la catedral de Namur, donde quedaron depositados el corazón y las vísceras, mientras el resto del cadáver, troceado, fue trasladado hasta El Escorial en un desfile fúnebre que atravesó prácticamente media Europa. Fue una pena, porque probablemente pudo haber cambiado el destino de la causa hispana en Flandes.

Al margen de las tres grandes rutas, existió una cuarta que solo se utilizó una vez, encabezada por el cardenal-infante don Fernando, hermano de Felipe IV. En plena Guerra de los Treinta Años, con todos los pasos habituales bloqueados, el Cardenal-Infante cruzó prácticamente toda Alemania y derrotó al ejército sueco —el más potente de la época— en la batalla de Nördlingen. Fue una victoria importantísima para la causa católica y para la causa hispana, y a partir de ahí prosiguió el avance de los tercios por Coblenza y Colonia hasta entrar en Bruselas de forma apoteósica.

¿Qué acontecimientos precipitaron el cierre definitivo del Camino?

Básicamente, la hostilidad francesa. Durante todo el conflicto, Francia trató por todos los medios de ir cortando el paso de los tercios por Alsacia y Lorena, las regiones que daban acceso a los Países Bajos por Luxemburgo. El rey Luis XIII y el cardenal Richelieu trataron de bloquear el Camino también por Saboya, que en un principio había sido amiga de la causa española y terminó aliándose con Francia.

Cuando se pierden Alsacia y Lorena, el Camino Español deja de existir en la práctica, porque ya no hay posibilidad logística de enviar tropas terrestres a los Países Bajos. España lo intentó entonces por mar: una gran flota al mando del almirante Oquendo, cargada de soldados y pertrechos, se perdió de manera estrepitosa frente a las costas británicas, a la altura de las Dunas. Fue una derrota que completó los últimos intentos españoles de llegar a Flandes por esa vía. A partir de ahí hubo expediciones dispersas, por distintos caminos, pero las rutas principales ya habían quedado bloqueadas.

¿Sigue existiendo hoy algún rastro o memoria viva del Camino Español?

La verdad es que no queda mucho. En los Países Bajos, en lo que hoy es Bélgica y Holanda, algo más; en el resto, los franceses se encargaron durante mucho tiempo de eliminar vestigios españoles. He intentado recuperar algunos puntos geográficos de interés, como el puente de Gressin, cerca de Ginebra, por donde entraban las tropas españolas, o algunos monumentos y fachadas en iglesias y catedrales, como en la propia Namur, donde estuvo enterrado Don Juan de Austria.

Pero más que un rastro material, yo creo que la huella que han dejado los tercios es una huella de tipo moral: representa lo mejor de nuestras tradiciones, de nuestra historia y de nuestros valores, tanto en el plano histórico como en el militar. Esa es una huella que España y los españoles deben mantener como recuerdo de nuestro mejor pasado.

¿Por qué recomendaría este libro a los lectores?

Es un libro muy recomendable por varios motivos. Independientemente del contenido, es una joya literaria, un libro para conservar en la biblioteca, un objeto de valor. Está ilustrado por Ricardo Sánchez, un gran dibujante, y contiene muchísimas fotografías, dibujos, mapas y croquis. Es un compendio histórico casi enciclopédico de los siglos XVI y XVII para quien esté interesado en la historia de España.

Les invito no solo a leerlo, sino a poseerlo y disfrutarlo, porque es un libro de referencia que da pie a otras muchas historias, y también a un cierto debate e incluso a controversia. Pero, sobre todo, es un libro cuyo contenido visual es, insisto, una joya.

El Camino Español. La larga marcha europea de los Tercios, de Fernando Martínez Laínez. Dragón Colección, 2025. Prólogo del teniente general César Muro Benayas. Ilustraciones y mapas de Ricardo Sánchez.

comparte la noticia
X
Facebook
Threads

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *