Francisco Pizarro es una de las figuras españolas más determinantes del siglo XVI. Nacido en Trujillo, Extremadura, hacia 1478, su trayectoria resulta difícil de separar de uno de los acontecimientos que transformaron definitivamente la historia de América: la caída del poder imperial inca y la incorporación de buena parte de los Andes a la Monarquía Hispánica.
Después de años de experiencia en América, Pizarro emprendió desde Panamá varias expediciones hacia el sur junto a hombres como Diego de Almagro y Hernando de Luque. Aquellas primeras tentativas estuvieron marcadas por enormes dificultades, pero permitieron obtener noticias cada vez más precisas sobre las sociedades y riquezas situadas al sur. Finalmente, Pizarro viajó a España y consiguió el respaldo de la Corona mediante la Capitulación de Toledo de 1529, que reguló jurídicamente la empresa de conquista y población.
La expedición decisiva comenzó en 1531. Cuando los españoles penetraron en el territorio andino, el Imperio inca acababa de atravesar una grave guerra civil entre Atahualpa y Huáscar, circunstancia que debilitó profundamente su estructura política. El 16 de noviembre de 1532 se produjo el episodio que cambiaría el curso de los acontecimientos: en Cajamarca, los hombres de Pizarro capturaron a Atahualpa.
La conquista, sin embargo, no puede explicarse simplemente como el enfrentamiento entre un pequeño grupo de españoles y un gigantesco imperio. Las divisiones internas del Tahuantinsuyo y la participación de numerosos pueblos indígenas enfrentados al dominio inca desempeñaron un papel esencial. Tras la ejecución de Atahualpa en 1533, las fuerzas dirigidas por Pizarro avanzaron hasta Cuzco, aunque la resistencia inca continuaría posteriormente bajo dirigentes como Manco Inca.
El 18 de enero de 1535, Pizarro fundó la Ciudad de los Reyes, la actual Lima, destinada a convertirse posteriormente en la capital del Virreinato del Perú y en uno de los principales centros políticos de la América española.
Sus últimos años estuvieron marcados por las luchas entre los propios conquistadores, especialmente por la ruptura con Diego de Almagro. El enfrentamiento desembocó en una auténtica guerra interna. Finalmente, el 26 de junio de 1541, partidarios almagristas asaltaron la residencia de Pizarro en Lima y lo asesinaron.
Cinco siglos después, Francisco Pizarro continúa siendo una figura histórica compleja y debatida. Conquistador, gobernador y fundador de Lima, su vida quedó ligada para siempre al encuentro —violento, político y cultural— entre dos mundos y a una transformación histórica cuyas consecuencias todavía forman parte de la identidad de España y del Perú.





