A pesar del relato de Félix Bolaños, la Justicia sigue al borde del colapso. No hay más jueces. No hay más juicios. Y, sin embargo, se insiste en trasladar la idea de que el sistema mejora porque bajan las cifras de entrada o de pendencia. La realidad es mucho más cruda: lo que se está produciendo es un desplazamiento del problema, no su solución.
España sigue arrastrando un colapso estructural con más de 4,5 millones de asuntos en trámite y una entrada anual que el sistema no logra absorber. No se vacía nunca. Solo se acumula.
Menos juicios y retrasos históricos
El magistrado Luis Sanz Acosta lo resume con claridad: no hay más jueces porque no se han convocado oposiciones suficientes. Y sin jueces, no puede haber más juicios.
La situación es crítica en distintos órdenes jurisdiccionales. En civil, los tiempos se han disparado, con audiencias provinciales que han pasado de resolver en meses a tardar años. Pero el problema no se limita a ese ámbito.
En el orden social, la realidad es igual de preocupante: ya se están señalando juicios por despido para 2027, y otros procedimientos para 2028 o incluso 2029. Es decir, conflictos que por su naturaleza deberían resolverse con rapidez se proyectan a varios años vista.
No es una excepción. Es la tendencia.
El espejismo estadístico de los MASC en civil
En paralelo, en la jurisdicción civil se han implantado los MASC (medios adecuados de solución de controversias), mecanismos como la mediación o la negociación que, en muchos casos, se han convertido en un requisito previo obligatorio antes de acudir al juzgado.
Sobre el papel, buscan reducir la litigiosidad. En la práctica, funcionan como un filtro.
Los datos lo reflejan: se ha producido una caída de hasta el 12,5% en la entrada de asuntos, con descensos mayores en civil, y se habla de reducciones de litigiosidad cercanas al 20%. Incluso se apunta a una leve bajada de la pendencia.
Pero esa reducción coincide con la imposición de estos mecanismos previos.
La conclusión es evidente: los MASC no eliminan conflictos, los retrasan. Reducen las cifras de entrada, pero no solucionan el problema de fondo.
Es como si un edificio de juzgados dejara de admitir asuntos y, por ello, se afirmara que la pendencia disminuye. Las cifras bajan, sí. Pero el colapso sigue ahí.
Y mientras tanto, el ciudadano espera. Cada vez más.





