Cadena perpetua para el asesino de Henry Nowak en un juicio que pone en jaque a la policía británica

Henry Nowak
Henry Nowak

El proceso judicial por la muerte del estudiante británico Henry Nowak ha cerrado su primera etapa clave. Tras meses de investigaciones y una creciente tensión social, el Tribunal de la Corona de Southampton ha dictado un fallo que ha trascendido las aulas universitarias para convertirse en un debate nacional en toda regla sobre los protocolos policiales, la seguridad ciudadana y los límites de las excepciones legales en el Reino Unido.

Sentencia en primera instancia: Cadena perpetua

Este lunes 1 de junio de 2026, el tribunal condenó en primera instancia a cadena perpetua a Vickrum Digwa, de 23 años, por el asesinato de Henry Nowak, un estudiante de finanzas de 18 años originario de Essex. El magistrado del caso fijó un período mínimo de 21 años de prisión efectiva antes de que el condenado pueda solicitar el tercer grado o cualquier tipo de libertad condicional.

El veredicto del jurado, emitido el pasado jueves 28 de mayo, desmontó por completo la estrategia de la defensa. El juez calificó de «completamente falsa» la versión que el agresor intentó sostener desde la noche del crimen. Asimismo, la madre de Digwa, Kiran Kaur, fue declarada culpable de un delito de encubrimiento tras demostrarse que retiró el arma de la escena para proteger a su hijo. No obstante, al no ser una sentencia firme, la defensa dispone ahora de un plazo de 28 días para tramitar su derecho a recurso ante la Corte de Apelación.

Los hechos: Una mentira que costó una vida

Los trágicos acontecimientos se remontan a la noche del 3 de diciembre de 2025 en la zona de Portswood, en Southampton. Henry Nowak regresarba a su residencia universitaria tras una noche de celebración con sus compañeros del equipo de fútbol cuando se cruzó con Digwa. Tras una discusión trivial en plena calle, Digwa sacó un cuchillo de combate de 21 centímetros y apuñaló al joven en cinco ocasiones.

Al llegar las patrullas de la Policía de Hampshire, alertadas por los vecinos, Digwa se presentó a sí mismo como la víctima. Aseguró a los agentes que Nowak estaba borracho, que le había propinado insultos racistas y que lo había atacado físicamente llegándole a arrancar el turbante. Una versión que la policía dio por buena de inmediato, desencadenando una cadena de errores fatales.

El vídeo de las ‘bodycams’ desata la indignación general

La razón por la que este caso está inundando las redes sociales en las últimas horas es la reciente publicación de los vídeos de las cámaras corporales (bodycams) de los agentes, desclasificados justo al concluir el juicio de primera instancia. Las imágenes, de una dureza extrema, se han vuelto virales en plataformas como X y TikTok, provocando una oleada de repulsa internacional.

En el metraje se observa cómo los oficiales procedieron a esposar por la espalda a Henry Nowak mientras este yacía en el suelo desangrándose. En sus últimos minutos de vida, se escucha al estudiante suplicar a la desesperada: «Me han apuñalado» y «No puedo respirar».

La respuesta de uno de los policías presentes ha congelado el ánimo de la opinión pública:

«No lo creo, amigo» («I don’t think you have, mate»).

Las autoridades solo le quitaron las esposas cuando el joven perdió el conocimiento para intentar una reanimación que llegó demasiado tarde. Las pruebas forenses posteriores determinaron que Nowak ni siquiera superaba la tasa de alcohol permitida para conducir, y un vídeo recuperado de su propio teléfono móvil desmintió categóricamente que él hubiera iniciado el altercado. El propio primer ministro británico, Keir Starmer, ha reconocido públicamente haber sentido «repulsión» al ver las imágenes.

Un caso que sacude el panorama político y social

La difusión del vídeo ha encendido un polvorín social en el Reino Unido a través de tres frentes principales que avanzan en paralelo. Por un lado, se ha abierto un intenso debate sobre la denominada «Policía de doble rasero». Diversos sectores políticos y figuras públicas han denunciado en redes una supuesta «corrección política» institucional, argumentando que los agentes, por temor a ser acusados de racismo, priorizaron la versión del agresor antes que atender la emergencia médica del joven herido.

Al mismo tiempo, el suceso ha forzado la revisión de las excepciones religiosas en el país. La Comisionada de la Policía ha solicitado formalmente al Gobierno revisar las leyes que permiten a la comunidad sikh portar el Kirpán (una daga ceremonial) en espacios públicos como artículo de fe. No obstante, colectivos sikhs han aclarado en las mismas plataformas que el arma empleada no era un kirpán tradicional, sino un cuchillo de combate, y han recordado que el agresor acumulaba más de 20 armas en su domicilio de forma ilegal.

Finalmente, este escenario ha derivado en una ola de ciberacoso y en un repunte de la tensión en las calles. La crispación digital ha provocado graves intentos de identificación y linchamiento virtual hacia los policías que actuaron esa noche. La situación ha obligado a intervenir a la Federación de Policía tras confirmarse que un agente totalmente ajeno al caso ha tenido que ser reubicado de urgencia junto a su familia tras recibir reiteradas amenazas de muerte.

Ante este clima de crispación, el padre de la víctima, Mark Nowak, ha emitido un comunicado pidiendo templanza y responsabilidad a los usuarios de internet:

«El trato que recibió mi hijo en sus últimos momentos fue inhumano y degradante, pero no queremos que su memoria sea utilizada para sembrar más odio, racismo o divisiones en la sociedad. Su nombre debe servir para exigir justicia y calles más seguras».

La Policía de Hampshire ya ha pedido disculpas oficiales a la familia Nowak, mientras que la Oficina Independiente para la Conducta Policial (IOPC) mantiene abierta una investigación de oficio sobre el proceder de los agentes implicados.

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