Una misión arqueológica hispano-egipcia descubre, a las afueras de El Cairo, la mastaba de un alto funcionario de la V Dinastía y de su padre, con relieves que conservan buena parte de su policromía original tras 4.400 años bajo tierra
En la necrópolis de Saqqara, uno de los yacimientos más excavados y a la vez más inagotables del Egipto faraónico, un equipo de arqueólogos españoles y egipcios acaba de sacar a la luz una tumba que llevaba más de cuatro milenios esperando bajo la arena. Se trata del monumento funerario de Yunmin, un alto juez y director de la corte durante el reinado de Dyedkara Isesi, penúltimo faraón de la V Dinastía, y de su padre Iti, un funcionario de rango menor. El hallazgo, anunciado a comienzos de septiembre, destaca sobre todo por un detalle poco frecuente en excavaciones de esta antigüedad: buena parte de sus relieves conservan aún el color original con el que fueron pintados hace 4.400 años.
Un rincón de Saqqara que nadie había excavado a fondo
La tumba se encuentra en el llamado «cementerio Mariette», una zona situada al norte de Saqqara que debe su nombre al egiptólogo francés Auguste Mariette, quien trabajó en la región ya en el siglo XIX. Pese a ser un área conocida desde hace más de cien años, nunca había sido objeto de una excavación y documentación científica sistemática, según ha explicado el director de la misión, el egiptólogo Josep Cervelló Autuori, de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), que codirige el proyecto junto con el Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto.
Ese vacío es precisamente lo que ha permitido este descubrimiento: bajo capas de arena y escombros que habían protegido el lugar durante generaciones de exploración arqueológica centrada en otros sectores de la necrópolis, apareció una mastaba de tamaño medio, la típica tumba egipcia de planta rectangular y techo plano que servía de morada eterna para la élite del Imperio Antiguo.
Dos capillas, dos generaciones
El monumento se organiza en torno a dos capillas funerarias contiguas, abiertas en su muro oriental, cada una dedicada a un miembro de la misma familia:
La capilla norte pertenece a Yunmin (también transcrito como Yunmen), el propietario principal de la tumba. Su carrera lo sitúa entre los altos funcionarios de la administración real: fue juez, director de la corte y jefe de escribas, con la responsabilidad de revisar las peticiones y quejas que llegaban a la administración faraónica. Sus muros conservan textos funerarios, fórmulas de ofrendas y relieves que representan escenas de labores agrícolas, procesiones de ofrendantes y animales de carga como asnos, muchas de ellas con sus tonos originales —ocres, rojos y azules minerales— todavía perceptibles.
La capilla sur está dedicada a Iti (o Ity), el padre de Yunmin, que ocupó puestos de rango inferior vinculados a la administración agrícola y a la gestión de las ofrendas. Su cámara incluye una falsa puerta —el elemento arquitectónico por el que, según la creencia egipcia, el espíritu del difunto entraba y salía de la tumba para recibir las ofrendas— y murales coloreados con escenas similares, aunque en este caso gran parte de la decoración se ha perdido con el paso de los siglos.
El ascenso social escrito en piedra
Para los arqueólogos, el hecho de que padre e hijo compartan un mismo monumento funerario no es casual: sugiere que Yunmin protagonizó un notable ascenso social, pasando de un origen familiar modesto y provincial a ocupar un puesto de responsabilidad en el corazón de la administración central egipcia. Al construir su tumba, quiso integrar en ella la memoria de su padre, un gesto que combina piedad filial con la exhibición pública del estatus alcanzado por la familia.
Este tipo de monumentos «duales» ofrece a los egiptólogos una vía poco habitual para reconstruir trayectorias familiares completas dentro de la burocracia del Imperio Antiguo, algo mucho más difícil de rastrear a partir de tumbas individuales aisladas.
Qué aporta este hallazgo
Más allá del atractivo visual de sus colores conservados, el equipo dirigido por Cervelló Autuori subraya que la tumba aporta datos nuevos y valiosos sobre tres frentes: la arquitectura funeraria de finales de la V Dinastía, las convenciones artísticas de sus relieves y la organización administrativa del Egipto de la época, incluida la forma en que se estructuraba socialmente la propia necrópolis de Saqqara.
El hallazgo se suma así a una larga lista de descubrimientos recientes en Saqqara —uno de los yacimientos más prolíficos de los últimos años en Egipto— y confirma que, incluso en zonas exploradas desde el siglo XIX, todavía queda mucho por excavar con metodología moderna. La misión hispano-egipcia continuará los trabajos en las próximas campañas, con la expectativa de documentar el resto del complejo funerario y precisar aún más la cronología y el contexto social de Yunmin e Iti.





