La invasión de Ceuta del pasado 30 de julio no habría sido un episodio aislado, sino la culminación de una estrategia de vigilancia digital sostenida por parte de Marruecos sobre los movimientos del Ejército español, según un análisis de comunicaciones en redes sociales recogido este sábado por Libertad Digital. El estudio, firmado por José María Gil Garre, investigador del Aula de Seguridad del Centro Universitario ISEN-Cartagena, sostiene que esa vigilancia se remonta a varios meses antes del suceso fronterizo y que el episodio del 30 de julio cambió por completo su significado.
Según explica Gil Garre, hasta ese momento la observación de las tropas españolas —sus desplazamientos, patrullas, maniobras y circulación de efectivos— formaba parte del ruido habitual de una zona fronteriza vigilada. Pero la invasión «modifica el significado de la observación previa»: la presencia militar española dejó de ser un simple telón de fondo para integrarse en una fase de tensión elevada, en la que cualquier movimiento de las Fuerzas Armadas puede ser leído en clave de confrontación.
Una red de vigilancia cada vez más sofisticada
El investigador califica de «alta» su confianza en que existe una vigilancia coordinada desde el otro lado de la frontera, y señala un salto cualitativo entre 2025 y 2026: ya no se trataría simplemente de un aumento en el número de menciones en redes sociales, sino de una capacidad mucho más avanzada para combinar «producción política, difusión popular, internacionalización, amplificación audiovisual» junto con la observación sistemática del dispositivo español.
Gil Garre describe esta arquitectura como lo suficientemente distribuida como para sobrevivir a la desaparición de cualquiera de sus nodos individuales, pero al mismo tiempo lo bastante conectada como para que un incidente fronterizo pueda ser reinterpretado casi de forma simultánea por actores muy distintos, cada uno con sus propios objetivos políticos o propagandísticos.
El riesgo de que la observación derive en violencia
El aspecto más inquietante del informe es su advertencia sobre hacia dónde puede evolucionar esta dinámica. Gil Garre señala que el paso de la mera observación al «señalamiento hostil de patrullas» constituiría uno de los principales indicadores de un cambio de fase en la estrategia marroquí. El investigador considera «una posibilidad plausible de confianza media» que se produzca violencia oportunista contra efectivos españoles cuando coincidan tres factores: tensión elevada, exposición física de las tropas sobre el terreno y discursos que los conviertan en un blanco simbólico de la presencia española en la zona.
El propio Gil Garre matiza, no obstante, que la existencia de esta vigilancia digital no demuestra por sí sola una coordinación centralizada desde las autoridades marroquíes. Lo que sí hace, afirma, es ampliar el conocimiento colectivo sobre el dispositivo de seguridad fronterizo español y crear condiciones propicias para una escalada de violencia contra las patrullas desplegadas en Ceuta.
El análisis se suma a las investigaciones policiales que ya apuntaban a movimientos vigilados en el entorno de la ciudad autónoma antes de la invasión, y llega en un momento en que la Fiscalía ha identificado al menos cuatro delitos graves en el incidente del 30 de julio y ha solicitado mantener la instrucción bajo secreto ante la Audiencia Nacional, que ha asumido el caso por su trascendencia.





