La Cuaresma es uno de los tiempos litúrgicos más significativos del calendario cristiano. Durante 40 días, millones de fieles en todo el mundo se preparan para la celebración de la Semana Santa a través de la oración, el ayuno y la penitencia. En 2026, este periodo comienza el 18 de febrero con el Miércoles de Ceniza y se prolonga hasta el Jueves Santo.
El término “Cuaresma” procede del latín quadragesima, que significa “cuadragésimo”, en referencia a los 40 días que Jesús pasó en el desierto antes de iniciar su vida pública, según relatan los Evangelios. Ese número, cargado de simbolismo bíblico, también remite a los 40 años del pueblo de Israel en el desierto o a los 40 días del diluvio universal.
Origen histórico de la Cuaresma
La práctica de un periodo de preparación antes de la Pascua se remonta a los primeros siglos del cristianismo. Ya en el siglo IV, tras el Concilio de Nicea (325), se consolidó la duración de 40 días como tiempo de preparación penitencial. En sus inicios, estaba especialmente vinculada a los catecúmenos que iban a recibir el bautismo en la Vigilia Pascual.
Con el paso del tiempo, la Cuaresma se extendió a toda la comunidad cristiana como un itinerario espiritual común.
Prácticas tradicionales
Durante la Cuaresma, la Iglesia propone tres pilares fundamentales:
- Oración: intensificación de la vida espiritual.
- Ayuno: especialmente el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.
- Limosna: compromiso solidario con los más necesitados.
En muchos países, incluido España, este tiempo también marca el inicio de los preparativos para la Semana Santa, con ensayos de cofradías, cultos internos y actos litúrgicos que culminarán en las procesiones.
Un tiempo de reflexión en la sociedad actual
Más allá de su dimensión estrictamente religiosa, la Cuaresma conserva un fuerte peso cultural. En ciudades como Sevilla, Málaga o Valladolid, el calendario social comienza a girar en torno a la inminente Semana Santa desde este periodo previo.
En un contexto marcado por la inmediatez y el ritmo acelerado, la Cuaresma propone una pausa, una invitación a la introspección y al equilibrio interior.





