El derribo de un dron sobre Rumanía por un F-18M español del Ala 12 ha escrito una nueva página en la historia de la aviación militar española. Pero, salvando las enormes diferencias políticas, tecnológicas y operativas, el episodio recuerda inevitablemente a otro acontecimiento ocurrido 83 años antes, cuando un caza español abrió fuego contra un avión estadounidense que había penetrado en el espacio aéreo español sobre el norte de África.
La madrugada del 16 de agosto de 2026, una pareja de F-18M españoles desplegados en la base rumana de Mihail Kogălniceanu fue activada después de detectarse una traza aérea no identificada procedente del mar Negro. Los aparatos pertenecían al Ala 12 y operaban dentro del Destacamento Aéreo Táctico Paznic, integrado en la misión de Policía Aérea reforzada de la OTAN.
Después de interceptar e identificar visualmente el objetivo en condiciones nocturnas, se confirmó que era un sistema aéreo no tripulado del tipo habitualmente utilizado como dron de ataque. Autorizada su neutralización, uno de los F-18 españoles empleó armamento aire-aire y lo derribó. El Estado Mayor de la Defensa ha destacado que se trata del primer derribo de una amenaza aérea realizado por un caza español desde la entrada de España en la OTAN.
La historia permite encontrar un lejano precedente.
El 3 de marzo de 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, el teniente Miguel Entrena despegó desde Nador a los mandos de un Heinkel He 112 B-2 después de que se detectara una formación de aviones estadounidenses penetrando en espacio aéreo español. España no participaba formalmente en la guerra y el norte de África vivía una situación extremadamente delicada tras los desembarcos aliados de la Operación Torch.
Entrena localizó una formación de once P-38 Lightning y atacó al último aparato de uno de los grupos. Sus cañones de 20 milímetros alcanzaron al caza estadounidense, que comenzó a expulsar humo, abandonó la formación y terminó realizando un aterrizaje de emergencia sobre el vientre cerca del río Muluya.
El incidente estuvo cerca de provocar una crisis de mayor envergadura. Según el relato recogido por el Grupo de Estudios de Historia Militar, al día siguiente 21 aeronaves P-38 estadounidenses sobrevolaron el aeródromo español de Nador, tras lo que desde Madrid se impartieron órdenes de evitar nuevas acciones contra aviones aliados salvo que estos atacaran primero.
Entre aquel Heinkel de 1943 y el F-18M de 2026 existe un abismo tecnológico y político. El primero actuaba sobre el espacio aéreo de una España que intentaba mantenerse fuera de una guerra mundial; el segundo lo hace integrado en una estructura multinacional de mando y control para defender el espacio aéreo de la OTAN.
Pero ambos episodios comparten una imagen poderosa: un caza español despegando en alerta, localizando una aeronave que ha penetrado en un espacio aéreo protegido y empleando sus armas contra ella.
Ochenta y tres años separan al Heinkel He 112 de Miguel Entrena del F-18M del Ala 12. Dos momentos radicalmente distintos que, juntos, permiten recorrer buena parte de la evolución de la aviación de combate española: desde los cazas de hélice de los años cuarenta hasta la defensa aérea integrada y los misiles aire-aire del siglo XXI.





