«España fue injusta con Cervantes, y hay que agradecérselo»: Norberto Ruiz Lima recorre el Siglo de Oro en su libro «Escritores en la Batalla»

Escritores en la batalla Norberto
Escritores en la batalla Norberto

Escritores en la Batalla

Norberto Ruiz Lima nació en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), una tierra que aparece constantemente en su obra literaria y a la que dedica buena parte de sus novelas de ficción. Su afición desordenada a la lectura terminó llevándole a estudiar Filología Hispánica, donde descubrió a los grandes nombres de la literatura hispanoamericana, Rulfo, Onetti, Borges, Sábato, Sarmiento, Carpentier, Mutis, Asturias, García Márquez, una lectura que, según él mismo ha contado, cambió para siempre su manera de entender la lengua castellana.

Esa vocación literaria convivió desde muy joven con una carrera paralela e igual de intensa: la militar. Teniente coronel (R) del Ejército de Tierra, Ruiz Lima acumula cuarenta años de vida activa en el Ejército, durante los cuales, en sus propias palabras, ha hecho «casi de todo»: panadero en una panificadora, trabajador en una lavandería, arriero, guardia, conductor de convoyes, contable, profesor, periodista y hasta cineasta. Dirigió durante años la revista digital Tierra, del Ejército de Tierra, y ha cubierto sobre el terreno misiones en el extranjero, incluida su etapa en Mali, sobre la que también ha escrito. Hoy, ya en la reserva, dirige la Biblioteca del Cuartel General del Ejército, un destino que él mismo describe como una suerte de broma del destino: «si vas a pasar tus horas en una biblioteca, ¿por qué no te quedas en la biblioteca del Cuartel General del Ejército y la diriges?», le dijeron; y ahí sigue.

Esa doble vida —de soldado y de hombre de letras— es, precisamente, la clave para entender tanto su manera de pensar como su último libro. Ruiz Lima ha insistido en que la verdad histórica es «una construcción documental fragmentaria, por completar, por descubrir», un mosaico incompleto que se reconstruye con cada nuevo hallazgo, y reivindica una mirada que combina el rigor documental con la pasión narrativa: humanista, lírica, irónica e intrépida, en palabras del propio prologuista de su último libro.

Antes de Escritores en la Batalla, Ruiz Lima había publicado ya una bibliografía variada, mezcla también de ficción y no ficción: la novela La Máquina del Mundo, presentada en 2022 en el Real Club Náutico de Sanlúcar de Barrameda; la novela breve La Conjura de Alejandría; el libro de relatos de ciencia ficción La Arena Infinita; los tres volúmenes de Breves Historias de la Literatura; la novela Las mareas no suelen equivocarse, ambientada en la Sanlúcar de la posguerra civil, primera entrega de lo que él llama su «trilogía sanluqueña y mágica»; y Soldados: de Mostar a la Ruta Lithium, un acercamiento literario a las misiones militares españolas en zonas de conflicto. A todo ello se suma su faceta de traductor: ha vertido al castellano la poesía de Rainer Maria Rilke —trabajo por el que recibió el Premio Marcelo Reyes a la traducción— y de Heinrich Heine.

Escritores en Batalla: un Siglo de Oro de la guerra y de las letras es su libro más reciente, publicado en noviembre de 2025 por Dragón Colección, con prólogo de José Luis Hernández García y cubierta e ilustraciones interiores de Ricardo Sánchez, «Risconegro». En sus páginas, Ruiz Lima recorre las vidas de siete grandes nombres del Siglo de Oro español —Garcilaso, Cervantes, Francisco de Aldana, Alonso de Contreras, Quevedo, Lope de Vega, Catalina de Erauso y Calderón de la Barca— para demostrar una tesis que atraviesa toda su obra y también su propia biografía: que en aquel siglo irrepetible, la pluma y la espada nunca pudieron separarse. Según explica él mismo, escribió el libro para dar a conocer detalles poco conocidos o mal interpretados sobre estos autores, convencido de que ningún otro país de Europa vivió jamás esa fusión tan estrecha entre la literatura y las armas.

En la entrevista que sigue, realizada como un paseo por el barrio de las Letras de Madrid, Norberto Ruiz Lima recorre las calles, las casas y los conventos donde vivieron, amaron, combatieron y murieron los protagonistas de su libro.

¿Por qué considera que el Quijote es la mayor obra humanista jamás escrita, por encima incluso de Shakespeare?

España fue injusta con Cervantes, y hay que agradecérselo: si su vida no hubiera sido una cadena de fracasos, el Quijote nunca habría aparecido. Para mí es la obra humanista más grande que existe. Ni siquiera Shakespeare, con esa idea de la creación del ser humano que defiende Harold Bloom en El canon occidental, se le acerca. Eso es, en el fondo, un invento inglés. El verdadero humanismo lo trae Cervantes.

¿Qué le llevó a escribir Escritores en la batalla y por qué el Siglo de Oro español fue un momento tan singular?

Lo escribí para dar a conocer detalles que no se sabían, o que se habían interpretado de manera distinta con el paso del tiempo. España vivió el mayor siglo de la historia en cuanto a coincidencia de grandes soldados y grandes escritores; ningún otro país tuvo un Siglo de Oro como el nuestro. Estos autores tenían una formación humanística muy sólida, en latín y en griego, pero vivían en una época en la que se luchaba por Dios y por el rey, sin la idea moderna de nación. Eso no les libró de líos personales: Cervantes tuvo que huir por herir a Antonio de Segura, y Calderón se refugió en la Embajada alemana tras un incidente violento. Pero esa unión de armas y letras, en ningún otro país de Europa se dio así.

Estamos en la casa de Lope de Vega. ¿Qué nos puede contar de este lugar, de sus amoríos y de su manera de escribir?

Esta es la última casa de Lope, donde vivió con Marta de Nevares. Un marido celoso intentó apuñalarlo aquí y él escapó dando un capotazo con su propia capa. Era, casi con toda seguridad, una «casa de malicia»: construida para aparentar una sola planta y así librarse de alojar soldados, algo obligatorio para quien tuviera plantas altas cuando la corte se trasladó a Madrid. En cuanto a sus amoríos, son bien conocidos: tuvo más de dieciséis hijos naturales, empezando por su relación con Helena Osorio, que acabó en libelos y en su exilio a Valencia, donde dejó embarazada a Isabel de Urbina. Se casó con Juana de Guardo, y ya mayor conquistó a la joven Marta de Nevares, a quien cuidó hasta el final pese a que perdió la vista y la razón. Como escritor, era capaz de componer una obra de teatro en dos días, de memoria, apoyándose en los libros de rimas de la época. Escribió más de mil obras, aunque solo se conservan unas cuatrocientas: fue el primer escritor profesional en imprimir su obra para que no se la robaran memorizándola en los corrales de comedia.

Nos encontramos ahora en el convento de las Trinitarias. ¿Por qué es un lugar tan importante en la vida de Cervantes?

Porque aquí está enterrado, aunque yo tengo mis dudas sobre si los huesos hallados hace unos años son realmente los suyos: no ha aparecido la mano en garra que le habría identificado sin discusión. Cervantes eligió este convento porque fueron los frailes trinitarios quienes lo rescataron de su cautiverio de cinco años en Argel, con una recomendación de Don Juan de Austria de por medio. Siempre se sintió más orgulloso de su combate en Lepanto que de cualquier otra cosa, y por eso nunca quiso «ensuciarlo» convirtiéndolo en literatura. En el Quijote hay un episodio revelador: cuando don Quijote defiende a los galeotes, criminales que van camino de galeras, diciendo que no niega que merezcan castigo, pero que el sufrimiento está por encima de cualquier castigo. Eso no lo había escrito nadie antes.

¿Qué ocurrió en esos cinco años de cautiverio de Cervantes en Argel, y qué papel jugó Quevedo, alejado también de la imagen del soldado convencional?

Fueron cinco años muy duros de los que en realidad sabemos menos de lo que creemos; Cervantes, como todos, ocultó cosas. Sí sabemos que hizo varios intentos de fuga y que tuvo que defenderse de las acusaciones de un fraile que lo detestaba. Quevedo es un caso distinto: cojeaba y era muy miope, pero probablemente fue el mejor espadachín de todos los escritores del libro. Su cercanía al duque de Osuna lo arrastró a la cárcel, y creo que participó en la fallida conjura de Venecia, de la que logró escapar disfrazado gracias a su dominio de idiomas, mientras otros compañeros suyos no lo consiguieron.

¿Por qué decidió incluir a Catalina de Erauso, junto a Alonso de Contreras, entre los grandes aventureros de su libro?

Porque hay que distinguir entre el literato que también es soldado, como Cervantes o Lope, y el aventurero total que también escribe, como Alonso de Contreras y Catalina de Erauso. Ella escapó de un convento, se vistió de hombre y llevó una vida de soldado hasta que, condenada a muerte por matar a un alférez, reveló que era mujer para salvarse. Eso llegó a oídos del papa, que le permitió, de forma excepcional para la época, seguir vistiendo de hombre. En batalla llegó a recuperar el estandarte de su regimiento matando a un cacique mapuche, con heridas que hoy consideraríamos graves y que entonces apenas mencionaba. Su historia, como la de Contreras, demuestra que cuando los aventureros sí escribieron, la historia —incluida la leyenda negra— se cuenta de otra manera.

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