El Salvador ha pasado de ser identificado como uno de los países más violentos del mundo a presentarse como una historia de transformación en América Latina. En el centro de ese cambio se encuentra Nayib Bukele, cuyo modelo político ha cimentado su éxito sobre una prioridad concreta: recuperar las calles y quebrar el dominio territorial de las pandillas.
Los resultados en seguridad son el principal argumento del Gobierno. El país cerró 2025 con 82 homicidios y una tasa oficial de 1,3 asesinatos por cada 100.000 habitantes, frente a los niveles altos registrados años atrás. Aunque organizaciones independientes cuestionan algunos criterios empleados en el recuento, la reducción de la violencia es visible en la vida cotidiana: barrios antes controlados por las maras han recuperado actividad comercial, movilidad y presencia institucional.
Esta mejora explica la popularidad presidencial. La encuesta publicada en junio de 2026 por el Instituto Universitario de Opinión Pública de la UCA otorgó a Bukele una valoración de 8,24 sobre 10. Además, el 77,4 % de los consultados señaló la seguridad como el principal logro del Gobierno. Para numerosos salvadoreños, el cambio no es una abstracción estadística, sino la posibilidad de desplazarse, trabajar o abrir un negocio sin convivir con la extorsión.
La pacificación ha favorecido el turismo y la proyección exterior. El Salvador recibió 3,9 millones de visitantes internacionales en 2024, un 17 % más que el año anterior, y alcanzó otros dos millones durante el primer semestre de 2025. La estrategia Surf City, la renovación del centro histórico de San Salvador y la celebración de acontecimientos internacionales han contribuido a sustituir la antigua imagen de violencia por una nueva marca asociada al turismo, la inversión y la modernización.
La economía, aunque todavía afronta problemas estructurales, comienza a recoger parte de ese impulso. El Banco Mundial estima que el producto interior bruto creció un 3,9 % en 2025, apoyado por la inversión privada, el consumo, la construcción y las remesas. El organismo relaciona esta evolución con la mejora de las condiciones de seguridad.
El éxito del modelo Bukele, por tanto, descansa en haber resuelto con rapidez el problema que durante décadas condicionó casi todos los demás. Persisten debates sobre el régimen de excepción, las garantías judiciales y la concentración de poder. Sin embargo, para una amplia mayoría social, el balance resulta claro: El Salvador ha dejado atrás el miedo cotidiano y ha recuperado la confianza en su propio futuro.





