El estrés no siempre aparece por un gran problema. En ocasiones se construye mediante pequeñas interrupciones, estímulos y hábitos repetidos durante todo el día que mantienen nuestra atención constantemente ocupada. Estas son siete conductas habituales que pueden contribuir a esa sensación.
1. Mirar el móvil nada más despertarte.
Correos, mensajes, redes sociales y titulares introducen inmediatamente demandas externas antes incluso de comenzar el día. Reservar unos minutos antes de conectarse puede ayudar a reducir esa sensación de urgencia constante.
2. Tener activadas decenas de notificaciones.
No hace falta siquiera abrir el teléfono. Investigaciones experimentales han comprobado que recibir una notificación puede interrumpir la atención y afectar al rendimiento en una tarea.
3. Intentar hacer varias cosas simultáneamente.
Responder correos mientras se trabaja, consultar mensajes durante una reunión o alternar continuamente entre tareas tiene un coste cognitivo. Una revisión científica encontró una mayor activación del sistema nervioso simpático durante situaciones de multitarea frente a realizar una sola actividad.
4. No hacer pausas.
Encadenar horas de actividad sin momentos de recuperación puede hacer que la sensación de exigencia se prolongue durante toda la jornada. Alternar periodos de concentración con descansos breves facilita desconectar de la tarea anterior.
5. Consultar constantemente las noticias.
Estar informado no es el problema. El riesgo aparece cuando la consulta se convierte en un flujo prácticamente ininterrumpido. La Organización Mundial de la Salud recomienda limitar el seguimiento de noticias y redes sociales cuando este aumenta el estrés.
6. Llevar el móvil hasta la cama.
Revisar contenidos hasta el último minuto puede interferir con una rutina adecuada de descanso. La OMS aconseja limitar teléfonos, ordenadores y otros dispositivos electrónicos antes de dormir.
7. Convertir cualquier momento libre en tiempo de pantalla.
Una cola, un trayecto o cinco minutos de espera se llenan inmediatamente con estímulos digitales. Recuperar algunos espacios sin información puede permitir que la atención deje de saltar continuamente entre demandas.
Ninguno de estos comportamientos provoca necesariamente estrés por sí solo. El problema puede aparecer cuando todos se acumulan desde que despertamos hasta que nos acostamos, haciendo que desconectar se convierta, paradójicamente, en otra tarea pendiente.





