Marruecos e Israel elevan sus relaciones a embajadas plenas con el patrocinio de Estados Unidos

Marruecos e Israel
Marruecos e Israel

Marruecos e Israel acordaron este 16 de septiembre en Nueva York elevar sus misiones diplomáticas al máximo nivel, con el nombramiento de embajadores en ambas capitales. La cumbre trilateral reunió al ministro de Asuntos Exteriores israelí, Gideon Sa’ar; a su homólogo marroquí, Nasser Bourita; y a la delegación estadounidense, encabezada por el embajador ante la ONU, Mike Waltz, y el embajador de EE.UU. en Rabat, Duke Buchan, que ejercieron de padrinos diplomáticos del acuerdo. El anuncio se produjo un día después de conmemorarse el sexto aniversario de los Acuerdos de Abraham, con representantes de Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Kazajistán también presentes en el acto.

Un acuerdo con calendario, economía y respaldo al Sáhara Occidental

Más allá del simbolismo de la apertura de embajadas, el pacto incorpora compromisos con fecha de caducidad: las tres partes se han comprometido a cerrar antes de que termine 2026 acuerdos de protección de inversiones y de prevención de la doble imposición fiscal entre Rabat y Jerusalén, además de aumentar los vuelos comerciales directos y realizar visitas de alto nivel en los próximos meses. El comunicado conjunto, no obstante, no fija un cronograma concreto para la apertura efectiva de las sedes diplomáticas.

El respaldo más relevante en términos geopolíticos es territorial: la declaración reafirma el reconocimiento de Estados Unidos e Israel de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, avalando la propuesta de autonomía de Rabat como “la única base para una solución justa y duradera”. Ese respaldo amplía la postura que Washington adoptó en diciembre de 2020, cuando la primera Administración Trump reconoció la soberanía marroquí sobre el territorio saharaui como parte del propio paquete de los Acuerdos de Abraham, y refuerza la posición de Marruecos en un litigio aún abierto ante la ONU frente al Frente Polisario, respaldado por Argelia.

En el terreno declarativo, Sa’ar afirmó que “todas las barreras pueden romperse” y elogió la valentía de los dirigentes marroquíes al reconstruir los vínculos entre las comunidades musulmana y judía, mientras Bourita señaló que Marruecos emplea el espíritu de los Acuerdos para “promover la paz” y “fomentar la estabilidad en la región”, recordando que Rabat envió 40 toneladas de ayuda humanitaria a Gaza en marzo de 2024 amparándose precisamente en esos vínculos con Israel.

Un espaldarazo diplomático en plena crisis migratoria con España

El momento elegido no es indiferente para Madrid. Marruecos atraviesa su fase de mayor tensión con España desde hace años a raíz de la crisis migratoria de Ceuta, donde el Gobierno de Sánchez y Rabat se han cruzado acusaciones sobre la gestión —y el origen— de la llegada masiva de migrantes a la ciudad autónoma en las últimas semanas. El fortalecimiento simultáneo de los vínculos marroquíes con Washington y Jerusalén, sumado al respaldo renovado sobre el Sáhara Occidental, refuerza la posición negociadora de Rabat justo cuando España reclama mayor colaboración de su vecino en el control fronterizo.

Para Marruecos, el acuerdo de Nueva York supone así un doble dividendo: consolidar su alianza estratégica con Israel y Estados Unidos en plena reconfiguración de equilibrios en Oriente Próximo y el norte de África, y hacerlo exhibiendo un respaldo internacional creciente a su tesis sobre el Sáhara Occidental, precisamente cuando más necesita presentarse ante sus socios europeos —España a la cabeza— desde una posición de fuerza.

La presencia de Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Kazajistán en el acto de Nueva York subraya además que Rabat no negocia en solitario, sino como parte de un bloque de países árabes y de mayoría musulmana que Washington sigue ampliando desde 2020. Para Israel, cada nueva embajada en la región es también una forma de romper el aislamiento diplomático agravado por la guerra de Gaza, mientras que para la Administración estadounidense el episodio sirve para reafirmar su papel de garante de los Acuerdos de Abraham seis años después de su firma original.

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