La guerra entre Rusia y Ucrania continúa instalada en una dura lucha de desgaste. Rusia conserva la iniciativa sobre el terreno y sigue conquistando pequeñas extensiones, especialmente en el este del país, pero no ha logrado provocar una ruptura operativa de las defensas ucranianas. Kyiv, por su parte, combina la resistencia terrestre con contraataques locales y una creciente campaña contra la logística, la energía y las rutas marítimas rusas.
Según la cartografía de DeepState, Rusia controla actualmente alrededor de 116.937 kilómetros cuadrados, equivalentes al 19,4 % del territorio ucraniano reconocido internacionalmente. Esta cifra incluye Crimea y las áreas del Donbás que ya se encontraban ocupadas antes de la invasión a gran escala iniciada en febrero de 2022.
Rusia gana terreno, aunque a un ritmo muy lento
Durante los últimos treinta días analizados, las fuerzas rusas consiguieron aproximadamente 92,3 kilómetros cuadrados de nuevos avances, mientras que Ucrania recuperó o consiguió retirar del control ruso evaluado unos 47,9 kilómetros cuadrados.
El balance territorial resultante es de alrededor de 44,3 kilómetros cuadrados a favor de Rusia. Se trata de una superficie muy limitada en comparación con la extensión total de Ucrania, aunque algunos de esos avances poseen un valor militar superior al que reflejan las cifras, especialmente cuando afectan a carreteras, nudos ferroviarios o posiciones defensivas.
También debe interpretarse con cautela el avance ucraniano. La mayor modificación se produjo el 14 de julio en el sector de Maliivka, Sichneve, Novoheorhiivka y Zaporizke. Las fuerzas ucranianas hicieron retroceder a las unidades rusas, pero una parte considerable del terreno quedó clasificada como zona de situación incierta, no como territorio completamente consolidado por Kyiv.
El Instituto para el Estudio de la Guerra no confirmó avances de ninguno de los dos bandos durante el 17 de julio.
Donetsk sigue siendo el centro de la ofensiva rusa
El principal esfuerzo militar ruso se concentra en la región de Donetsk. Moscú intenta penetrar en el denominado «cinturón fortaleza» ucraniano, formado por ciudades como Kostiantynivka, Druzhkivka, Kramatorsk y Slóviansk.
La presión rusa resulta especialmente intensa en los ejes de Kostiantynivka-Druzhkivka y Dobropillia-Pokrovsk. En estas zonas, las unidades rusas emplean pequeños grupos de infantería, motocicletas, vehículos todoterreno y drones para infiltrarse entre las posiciones ucranianas y alcanzar su retaguardia.
Esta táctica permite obtener avances locales, pero no equivale a una gran penetración mecanizada. Rusia continúa golpeando las comunicaciones y los centros logísticos ucranianos, mientras Kyiv trata de detectar y eliminar a los grupos infiltrados antes de que puedan consolidar nuevas posiciones.
La posible conquista de Kostiantynivka tendría una importancia considerable, pues proporcionaría a Rusia una base desde la que avanzar hacia el norte. Sin embargo, cualquier batalla por la ciudad podría convertirse en otro enfrentamiento largo y costoso, similar a los librados anteriormente en Bajmut, Avdiivka o Pokrovsk.
Infiltraciones rusas en Sumy y presión sobre Járkiv
En el norte, Rusia mantiene su objetivo de crear una franja de seguridad dentro del territorio ucraniano. Durante las últimas semanas se han registrado pequeños avances en las regiones de Sumy y Járkiv, aunque no existe una penetración rusa continua y consolidada.
ISW ha detectado misiones de infiltración a unos 15 kilómetros de la ciudad de Sumy. Estas incursiones no deben confundirse con una ocupación territorial estable, pues algunos grupos operan durante periodos limitados y pueden quedar aislados o ser expulsados.
Ucrania conserva, al mismo tiempo, varias posiciones muy reducidas dentro de las regiones rusas de Kursk y Bélgorod. En conjunto, estas áreas apenas superarían los diez kilómetros cuadrados y ya no constituyen un gran saliente como el creado durante anteriores operaciones ucranianas.
Contraataques ucranianos en el sur
En los sectores de Zaporiyia y Dnipropetrovsk, Rusia avanzó cerca de Huliaipole y Zaliznychne. Ucrania respondió con contraataques en Prymorske, Plavni y el área de Maliivka, donde se produjo el mayor retroceso ruso del periodo estudiado.
La situación continúa siendo fluida. Ninguno de los dos bandos dispone actualmente de una superioridad suficiente para transformar estos movimientos locales en una ofensiva profunda.
Ucrania lleva la guerra a la retaguardia rusa
Mientras Rusia mantiene la presión terrestre, Ucrania ha intensificado sus ataques contra instalaciones situadas a cientos o incluso miles de kilómetros del frente.
Durante julio, drones ucranianos alcanzaron o trataron de alcanzar la base aérea de Engels-2, las refinerías de Yaroslavl y Salavat, instalaciones energéticas en Crimea y diversos centros logísticos de las regiones de Moscú y Tambov.
El 18 de julio, una gran oleada ucraniana contra instalaciones logísticas y petroleras rusas dejó ocho muertos y más de 60 heridos, según las autoridades rusas citadas por Associated Press.
Ucrania también asegura haber atacado 159 buques rusos entre el 6 y el 17 de julio en los mares de Azov y Negro. Aunque esta cifra procede de fuentes ucranianas y no puede verificarse individualmente, la campaña evidencia la intención de Kyiv de dificultar el abastecimiento de Crimea y golpear las exportaciones energéticas rusas.
Rusia intensifica sus ataques contra los puertos ucranianos
Moscú ha respondido aumentando los ataques contra Odesa, Mykolaiv y otras infraestructuras portuarias del mar Negro. El 17 de julio, tres personas murieron y varios buques extranjeros resultaron dañados, provocando nuevas alteraciones en las exportaciones ucranianas de cereal.
La defensa aérea sigue siendo una de las principales vulnerabilidades de Ucrania. La OTAN ha prometido 70.000 millones de euros en ayuda militar durante 2026, pero la fabricación de nuevos interceptores Patriot podría tardar al menos un año en aliviar la escasez actual.
Una guerra sin desenlace inmediato
A día de hoy, Rusia avanza, pero no consigue romper el frente. Ucrania pierde lentamente algunas posiciones terrestres, aunque conserva capacidad para contraatacar y causar daños importantes en la profundidad rusa.
El conflicto se ha convertido en una pugna de desgaste en la que Moscú mantiene la iniciativa territorial, mientras Kyiv destaca en la guerra de drones, la interdicción marítima y los ataques contra la retaguardia.
Ninguno de los dos bandos parece encontrarse cerca de una victoria decisiva. Tampoco existen perspectivas inmediatas de reanudar unas negociaciones de paz capaces de detener los combates.





