Sacrificios aztecas bajo Guatemala 24: los cráneos que incomodan al Gobierno mexicano de Sheinbaum

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En pleno corazón del Centro Histórico de Ciudad de México, a pocos metros de la Catedral Metropolitana y del Zócalo, bajo el número 24 de la calle República de Guatemala, reposan cientos de cráneos humanos. Son los restos del Huei Tzompantli, el gran altar de cabezas del Imperio mexica, una de las estructuras rituales más estremecedoras halladas en la historia de América.

El yacimiento bajo la calle de Guatemala 24 fue descubierto en 2015 por arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) durante unas obras de recimentación. El hallazgo sacudió al mundo académico: más de 11.000 fragmentos óseos y al menos 650 cráneos completos aparecieron enterrados bajo la ciudad. Entre ellos, para sorpresa de los investigadores, había restos de mujeres y niños —aproximadamente un 25 % del total—, lo que contradijo la idea extendida de que las víctimas eran exclusivamente guerreros capturados en combate.

Los cronistas del siglo XVI ya habían descrito aquella estructura. Andrés de Tapia, compañero de Hernán Cortés, afirmó que la torre ceremonial podía albergar decenas de miles de cráneos humanos. Durante siglos, muchos historiadores consideraron aquellas cifras una exageración propia de los conquistadores. Sin embargo, el descubrimiento arqueológico obligó a replantear esa interpretación.

Un hallazgo incómodo para el discurso oficial

El actual discurso político impulsado desde sectores del Gobierno mexicano ha construido buena parte de su narrativa sobre la reivindicación del pasado indígena y la denuncia constante de los abusos de la conquista española. Es una estrategia políticamente rentable y emocionalmente poderosa. Pero tiene un problema evidente: selecciona cuidadosamente qué partes de la historia merecen ser recordadas y cuáles deben quedar relegadas al silencio.

El tzompantli no es una invención española ni una supuesta “leyenda negra”. Es una estructura real, excavada por arqueólogos mexicanos, financiada por instituciones mexicanas y estudiada en laboratorios mexicanos. Su existencia demuestra que los sacrificios humanos masivos formaban parte de determinadas prácticas religiosas del Imperio mexica.

La polémica volvió a surgir después de que Isabel Díaz Ayuso mencionara públicamente la dirección de Guatemala 24 para cuestionar el relato impulsado por la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum sobre la conquista y la herencia española en América.

La historia completa, o una historia manipulada

Una sociedad madura debería ser capaz de afrontar su pasado completo, con sus logros y también con sus atrocidades, sin necesidad de convertir la historia en un instrumento ideológico.

El INAH ha realizado un trabajo científico de enorme valor para comprender mejor la Tenochtitlan prehispánica. El problema no está en la arqueología ni en la investigación histórica, sino en la utilización política selectiva de ese pasado. Mientras se exige constantemente a España que pida perdón por hechos ocurridos hace cinco siglos, apenas se habla públicamente de prácticas como los sacrificios rituales o de las estructuras de dominación impuestas por el Imperio mexica sobre otros pueblos indígenas.

La caída de Tenochtitlan no fue únicamente el resultado de la llegada de unos pocos españoles. También participaron miles de indígenas aliados de Hernán Cortés que veían a los mexicas como un poder opresor del que deseaban liberarse.

Reducir toda la historia de la conquista a un esquema simplista de “opresores y víctimas” no ayuda a comprender el pasado. Solo sirve para convertir la historia en propaganda política. Y los ciudadanos mexicanos merecen conocer su historia completa, no una versión filtrada según las necesidades ideológicas del gobierno de turno.

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