«Sin afán patrimonial»: la coartada semántica de Zapatero para no explicar el millón en joyas

Joyas de Zapatero
Joyas de Zapatero

«Sin afán patrimonial» fue la fórmula con la que José Luis Rodríguez Zapatero intentó despachar, este jueves, la pregunta que llevaba dos meses esquivando desde su imputación en el caso Plus Ultra. Lo hizo en TVE, en el programa Mañaneros 360, entrevistado por Javier Ruiz, en una comparecencia diseñada para transmitir sosiego y firmeza, pero que, examinada con algo de rigor, resulta un ejercicio de elusión más que de rendición de cuentas. Durante cerca de una hora, el expresidente negó haber mediado en el rescate público de la aerolínea Plus Ultra, rechazó cualquier intención de defraudar a Hacienda y defendió el trabajo de sus hijas. Pero fue en el capítulo de las joyas halladas en la caja fuerte de su despacho donde su estrategia de la ambigüedad quedó más expuesta.

El juez de la Audiencia Nacional José Luis Calama, instructor del caso, encargó la tasación de las alhajas intervenidas: 1,3 millones de euros. Preguntado por su procedencia, Zapatero eligió no responder y refugiarse en la declaración que aún debe prestar ante el juez. Lo único que ofreció fue una letanía de eufemismos: «una historia sin intención, sin afán patrimonial, es un regalo personal»; una «cortesía personal de hace muchos años»; algo que llevaba «sin uso, sin destino» y de lo que «casi no habíamos hablado nunca» en familia. Cuatro frases hechas para no decir una sola cosa concreta.

Una coartada que no resiste el sentido común

Que un expresidente del Gobierno pretenda hacer pasar por normal el desconocimiento del origen y el valor de un millón de euros en joyas guardadas en la caja fuerte de su propio despacho no es solo inverosímil: es, directamente, insultante para la inteligencia de quien escucha. Nadie olvida quién le regaló un collar o unos pendientes de semejante cuantía, y mucho menos alguien con la formación jurídica y la experiencia institucional de Zapatero. Cuando Javier Ruiz le preguntó sin rodeos si ese valor podría constituir contrabando, el expresidente lo negó de forma tajante, pero sin aportar un solo dato verificable: ni país de origen, ni fecha, ni identidad del donante. Una negación categórica sin ningún hecho que la sostenga no es una explicación, es un acto de fe que se pide al espectador.

La invocación al «afán patrimonial» es, en este sentido, un truco retórico más que un argumento. Nadie ha acusado a Zapatero de comprar las joyas; el problema es que las tuviera, sin declarar, sin trazabilidad y sin memoria alguna de su procedencia, en la caja fuerte de un despacho oficial. Reducir eso a un «regalo de cortesía» sin más pretende trasladar la carga de la prueba a quien pregunta, cuando es él quien debe justificar un patrimonio de semejante magnitud. Que además reconociera sentir «alergia profunda» hacia el asunto no habla de inocencia, sino de la incomodidad de quien sabe que su relato no se sostiene y prefiere posponerlo indefinidamente, escudándose en el «respete los tiempos» con el que cortó cualquier repregunta.

Respaldo del PSOE, un aplazamiento que no convence a nadie

El PSOE salió en tromba a respaldarlo, con un comunicado en los minutos siguientes a la entrevista que hablaba de «presunción de inocencia» pero eludía valorar el fondo de lo dicho. El Gobierno hizo lo propio. La oposición, en cambio, calificó la comparecencia con dureza: el PP la definió como «tomadura de pelo» y su portavoz en el Congreso señaló que Zapatero «no ha respondido a ninguna» de las preguntas pendientes; Vox censuró que siguiera sin aclarar tanto el origen de las joyas como el papel de sus hijas en la trama. La división de las reacciones no debería confundirse con equilibrio: mientras el aparato del partido cierra filas por lealtad, los hechos objetivos —una fortuna en joyas sin origen declarado, encontrada en un despacho oficial— siguen ahí, intactos.

Zapatero conserva, como cualquier ciudadano, el derecho a la presunción de inocencia, y será la Audiencia Nacional quien determine si hay indicios suficientes para una acusación formal. Pero conviene no confundir ese derecho procesal con una coartada retórica para el debate público. Una entrevista televisiva no es una declaración judicial, y en ese terreno más laxo Zapatero optó, deliberadamente, por no aclarar nada: ni el origen de las joyas, ni cuándo pensaba hacerlo, ni siquiera el país del que procedían. Se limitó a repetir una fórmula bien pulida —»sin afán patrimonial»— como si la reiteración de una frase vacía pudiera sustituir a la explicación que, dos meses después de su imputación y con un millón de euros en juego, todavía debe al país que gobernó.

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