Europa afronta uno de los veranos más devastadores que se recuerdan en materia de incendios forestales. A falta de que concluya la campaña estival y se publiquen los balances definitivos, los datos oficiales y las estimaciones más recientes dibujan un escenario sin precedentes: casi medio millón de hectáreas arrasadas, al menos 23 fallecidos, cientos de viviendas destruidas y unas pérdidas económicas que ya superan los 3.100 millones de euros, una cifra que previsiblemente aumentará en los próximos meses.
Según el Centro Común de Investigación (JRC) de la Comisión Europea, el Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS) había contabilizado 434.976 hectáreas quemadas hasta el 29 de julio, repartidas en 1.407 grandes incendios. La superficie afectada supera en más de un 150 % la media histórica para estas fechas y ya es superior a la registrada durante el mismo periodo del año pasado, que terminó convirtiéndose en uno de los peores ejercicios de la última década.
España ha sido el país más castigado por la superficie calcinada, con más de 200.000 hectáreas afectadas según las estimaciones europeas. El incendio de Los Gallardos (Almería) se ha convertido además en la mayor tragedia humana del año, con 14 víctimas mortales. En Grecia, los incendios han dejado al menos siete fallecidos, entre ellos dos tripulantes de helicópteros de extinción y varios bomberos, mientras que Francia ha lamentado la muerte de dos efectivos durante las labores de combate contra las llamas.
Las consecuencias materiales también son enormes. En Francia, el gran incendio de la Gironda obligó a evacuar temporalmente a unas 224.000 personas, mientras que en Grecia más de un centenar de viviendas quedaron destruidas o gravemente dañadas tras los incendios registrados en Ática. A ello se suman explotaciones agrícolas arrasadas, redes eléctricas dañadas, carreteras cortadas, infraestructuras afectadas y pérdidas en sectores como el turismo o la producción forestal.
La Comisión Europea estima que solo la restauración ambiental de las zonas afectadas supondrá un coste superior a 3.100 millones de euros. Sin embargo, esa cantidad no incluye numerosos daños indirectos como viviendas, negocios, explotaciones agrícolas, pérdidas de actividad económica o el impacto sanitario derivado del humo y las emisiones.
Precisamente, los incendios han liberado ya cerca de 18 millones de toneladas de dióxido de carbono, contribuyendo a agravar un círculo vicioso en el que el cambio climático favorece incendios cada vez más intensos y estos, a su vez, incrementan las emisiones de gases de efecto invernadero.
Con varias semanas de riesgo extremo todavía por delante, las autoridades europeas mantienen desplegados miles de efectivos terrestres y medios aéreos para contener una campaña que amenaza con convertirse en una de las más destructivas del siglo.





