Ceuta, ciudad sin ley: cuando el miedo deja de ser subjetivo

Mujeres Ceuta miedo subjetivo
Mujeres Ceuta miedo subjetivo

¿También es subjetivo el miedo de las mujeres en Ceuta?

Es lo que parece cuando, ante una situación que está siendo denunciada, se pretende reducirlo todo a una cuestión de percepción.

Las mujeres de Ceuta han tenido que salir a la calle para reclamar algo que jamás tendría que reivindicarse; el derecho a poder hacer su vida sin tener miedo.

Se manifiestan porque están hartas. Tienen miedo por ellas y por sus hijas. El día a día ya no se vive de la misma manera. Hoy las calles por las que antes se caminaba con normalidad ahora se han convertido en una especie de ciudad sin ley que las obliga a llevar sprays de gas pimienta y aprender a defenderse ya que el Gobierno es incapaz de hacerlo.

¿De verdad podemos llamar a esto simplemente miedo subjetivo? Es evidente que no.

La invasión del 30 y 31 de julio

Lo que está ocurriendo en Ceuta desde finales del mes de julio no puede despacharse con la expresión «crisis migratoria» y pasar página, dejándolos a su suerte.

El 30 y 31 de julio, Ceuta vivió una invasión procedente de Marruecos de una dimensión que nos recuerda a la Marcha Verde, allá por el año 1975, cuando el general Franco agonizaba. Las cifras oficiales se elevan a 80.000, pero es difícil conocer la magnitud de esa tremenda masa humana que entraba por tierra y mar sin que pudiera evitarse, lo cual adquiere aún más gravedad. Hay que recordar que Ceuta apenas tiene 85.000 habitantes. ¿Se imaginan una entrada masiva y descontrolada que supera en número a la población que habita en Ceuta?

El aumento de las agresiones sexuales

Los datos no engañan: desde que se produjo la invasión de personas procedentes de Marruecos, las agresiones sexuales han aumentado. La propia Fiscalía ha contabilizado decenas de agresiones desde el comienzo de esta crisis, incluyendo violaciones y víctimas menores y esto no puede despacharse como una percepción.

En medio de esta crisis, el Gobierno pretende que todo se mueva en un marco de normalidad, llegando a citar el miedo subjetivo. ¿En manos de quién estamos?

Es obvio que Ceuta no puede asumir una situación así sin consecuencias. No puede hacerlo su sistema sanitario, no pueden hacerlo los servicios sociales, no pueden hacerlo sus barrios y mucho menos sus ciudadanos.

Y luego está el miedo y la inseguridad que sienten las mujeres, y no son estadísticas: es su vida cotidiana y cómo lo están viviendo.

Hablan de salir de casa en grupo para protegerse. De tener que avisar cuando llegan. De cambiar recorridos. De mirar quién camina detrás. Hablan de las noches en las que denuncian gritos desesperados en zonas de la ciudad. ¨os datos sobre delitos sexuales después de la entrada masiva son estremecedores. La Fiscalía ha registrado veintitrés procedimientos por agresiones sexuales, incluidos casos de violación. Entre las víctimas hay menores y muchas agresiones no se pueden contabilizar ya que no se están denunciando. Los médicos que atienden a las víctimas aseguran no haber visto nunca tanta brutalidad.

Una cuestión de soberanía, no de migración

Marruecos no está en guerra. No es un país en conflicto armado del que tengan que huir miles de personas. Hablamos de un país con instituciones y capacidad económica que está invirtiendo mil millones de euros en un estadio de fútbol ya que aspira a presidir la final del Mundial 2030, que esa es otra.

Por este motivo, la entrada masiva que sufrió Ceuta hace más de un mes no puede analizarse desde un punto de vista migratorio, no lo es. Sabemos que Marruecos reclama Ceuta y Melilla desde hace décadas, alegando que son enclaves coloniales pendientes de descolonización. Las palabras pronunciadas por el ministro marroquí de Habous y Asuntos Islámicos, Ahmed Toufiq, durante la celebración del Eid al-Maulid ante Mohamed VI no son baladíes. No estamos ante una inocente digresión histórica: utilizó un lenguaje de reivindicación territorial que resulta especialmente significativo cuando se aplica a las ciudades españolas del norte de África. Toufiq evocó a los ulemas vinculados a Ceuta y al referirse a Muhammad ibn Sulayman al-Jazuli y a su célebre Dala’il al-Khayrat, «La prueba de las bondades», afirmó que esta obra fue un estandarte de la movilización de los marroquíes para liberar «las ciudades ocupadas» de la fachada atlántica al comienzo de la Edad Moderna. Esa frase y la elección deliberada de las referencias históricas dejan poco margen a la ingenuidad.

Mientras el Gobierno de España y Rabat proclaman una relación estratégica basada en la cooperación y la confianza mutua, desde las más altas instancias del Estado marroquí se mantiene vivo un relato que presenta como «ocupadas» unas ciudades cuya soberanía es española.

La investigación de la Audiencia Nacional

Estas palabras adquieren todavía mayor gravedad a la luz de la investigación que actualmente dirige la Audiencia Nacional sobre la entrada masiva en Ceuta. La magistrada María Tardón considera que existen indicios de una «conducta delictiva cometida por un país extranjero» que habría «atacado gravemente la integridad territorial de España», y señala expresamente una «clara e indudable gestión favorecedora» del proceso desde territorio marroquí, incluida la actuación de las fuerzas policiales de Marruecos, que habrían facilitado y guiado los cruces fronterizos.

En este contexto, las alusiones de un ministro del Gobierno marroquí a la «liberación de las ciudades ocupadas» adquieren una inquietante dimensión política. Mientras los tribunales españoles investigan si desde Marruecos se pudo utilizar una presión de entrada masiva como instrumento para atacar la integridad territorial y desestabilizar a España, desde el propio poder marroquí se mantiene un discurso que cuestiona la soberanía española sobre Ceuta y Melilla.

Los avisos ignorados del CNI

Y aquí aparece otra cuestión que es difícil de explicar políticamente. Los documentos del CNI que han sido desclasificados muestran que los servicios de inteligencia españoles detectaron con antelación convocatorias en redes sociales para promover la entrada masiva en Ceuta, tanto por tierra como por mar, y que esa información fue comunicada a las autoridades españolas y también a las marroquíes. El propio presidente de Melilla, Juan Jesús Vivas, llamó con días de antelación al Gabinete del Gobierno, mostrando su preocupación, y no fue escuchado; por el contrario, le pidieron no volver a llamar y no ser pesado. ¿Cómo es posible? Esta cuestión da mucho que pensar con relación a qué sabía el Gobierno y por qué no actuó ante estos avisos fundamentados.

El Gobierno, sin embargo, sostiene que no recibió ninguna información que pudiera prever lo que finalmente ocurrió. Las dos versiones chocan frontalmente. Más aún cuando la propia ministra de Defensa, Margarita Robles, ha defendido públicamente que el CNI hizo correctamente su trabajo. Si los servicios de inteligencia detectaron el riesgo y transmitieron la información, entonces el problema ya no parece estar en la capacidad del Estado para obtenerla, sino en qué se hizo con ella una vez recibida. Es evidente que nada.

¿Por qué el Gobierno de España no quiso actuar a tiempo ante una amenaza que sus propios servicios de inteligencia habían identificado?

La sombra de Pegasus

Pero mientras se investiga y se discute quién sabía qué y cuánto se sabía, los ciudadanos de Ceuta son quienes están soportando las consecuencias.

Y es precisamente aquí donde resulta más difícil de comprender, por el contrario, provoca indignación, la posición del Gobierno español ante una situación tan grave como es la violación de la soberanía española, que además afecta directamente a la seguridad de una ciudad española. La reacción del Ejecutivo de rebajar la tensión, evitar atribuir responsabilidades a Rabat y preservar a toda costa la relación bilateral, pese a la gravedad de los hechos y más aún con el discurso reivindicativo que sigue emanando desde Marruecos respecto a Ceuta y Melilla, resulta difícil de entender. Un país vecino que ha mostrado por activa y por pasiva su hostilidad hacia España y que no es en absoluto fiable. Si el Gobierno español no está dispuesto a marcar una línea roja cuando está en juego la integridad territorial de España, la pregunta que suena con más fuerza es: ¿qué le debe Pedro Sánchez a Marruecos?

Y aquí aparece la sombra de Pegasus. Sabemos que los teléfonos de una parte del Ejecutivo, incluyendo el de Pedro Sánchez, fueron infectados en el año 2021. La posibilidad de que Marruecos haya tenido acceso a información sensible y de que la esté utilizando para ejercer presión y coaccionar al Gobierno español toma fuerza a raíz de que el grupo de hackers Jabaroot haya filtrado información de los servicios de seguridad marroquíes y amenace con revelar documentación relacionada con Pegasus y el espionaje al Gobierno español. Veremos si la amenaza se cumple y termina poniendo entre las cuerdas a un Gobierno que agoniza mientras sume a España en uno de los episodios más negros conocidos en democracia.

El caos en las playas y las calles

Mientras tanto, Ceuta continúa inmersa en una situación que cada día se parece más al caos. La playa del Trampolín ofrece una imagen que recuerda a las estampas más degradantes del Ganges, en India. Por si fuera poco, los asentamientos se están extendiendo hacia Playa Benítez. El escenario es tan dantesco que el Gobierno pretende trasladarlos a espacios públicos de los que antes de la invasión disfrutaban los ceutíes. Los trabajadores de limpieza están desbordados y ya no pueden más. Mientras limpian, los invasores vuelven a arrojar residuos, a convertir espacios públicos en improvisados aseos y a dejar rastro por playas y calles de la ciudad. Ante esta situación, una pregunta resulta inevitable: ¿es a esto a lo que se tienen que acostumbrar nuestros compatriotas ceutíes? ¿Dónde quedan sus derechos, sus libertades, además de su derecho a vivir con seguridad y dignidad en su propia ciudad?

Ceuta no necesita discursos tranquilizadores expuestos falsamente; necesita que el Estado cumpla la ley y además de protegerlos, defienda la integridad territorial de España. De otra manera, serán cómplices de todo lo que suceda y como tal, serán juzgados. Los españoles no vamos a dejar pasar una más. Esta vez no. Ya son muchas…

Lo que nuestros compatriotas están pidiendo, especialmente las mujeres que se ven amenazadas, es sencillo: quieren recuperar sus vidas y la seguridad que tenían antes de que se produjera esta vil invasión que nunca debió suceder y esperan del Estado ni más ni menos que el cumplimiento de la ley: proteger sus fronteras, garantizar la seguridad y expulsar al que entra ilegalmente en España.

Ceuta es España

Ceuta es España y todos somos Ceuta. No debemos dejar solos a nuestros compatriotas. Debemos seguir dándoles voz, acompañándolos y defendiendo su derecho a vivir en tranquilidad, seguridad y dignidad. Ceuta forma parte de nuestra historia y nuestro presente y sus ciudadanos deben sentir que el resto de España está a su lado. Cuando una parte de España está siendo atacada, el conjunto de España tenemos que estar presentes.

La historia de Ceuta está escrita con nombres de valientes que hicieron de su compromiso con España una forma de vida. Recordemos al teniente Jacinto Ruiz, nacido en Ceuta, que el dos de mayo de 1808 defendió Madrid frente a las tropas napoleónicas. Su valor, su lealtad y su entrega forman parte de nuestra historia y nos recuerda que ser ceutí y sentirse español no son realidades separadas, sino parte de una misma identidad. Más de dos siglos después, el ejemplo de Jacinto Ruiz sigue recordándonos que Ceuta ha dado y sigue dando mucho a España. Ahora somos nosotros quienes debemos estar a la altura y estar al lado de nuestros compatriotas, defenderlos y demostrar que no están solos.

Todos somos caballas.

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